Camino de Santiago – Triacastela a Sarria

Estimados lectores:

Hoy ha sido la segunda etapa de esta aventura. He aprovechado para dormir un poco más y levantarme a las 7:00, pues la ruta de hoy es más corta y el tiempo es frío. Al salir del hostal hacía 11 grados. Una buena temperatura para comenzar.

Como ayer, comienzo solo y disfruto del paisaje. La lío nada más comenzar porque quería tomar la ruta de los Salmos, pero no veo el letrero desde la dirección por la que vengo y voy por la corta. Son 5 kilómetros menos, pero me da rabia. Otra vez será.

Durante mi trayecto conozco un chico de Argentina, se llama Diego y hablamos un montón durante el trayecto. Me explica que ha trabajado en Irlanda del Norte y ahora en Barcelona. Es introvertido, como yo. En ese momento tengo mi tercera revelación durante el viaje y me doy cuenta de que suelo atraer a personas introvertidas, con las que parece que tengo una conexión especial.

 

Llegamos a Sarria en tiempo récord y nuestros caminos se separan. Voy al albergue que había reservado el día anterior y me toca compartir habitación con gente que no conozco. Hago de tripas corazón y me instalo en la cama de arriba. Salgo y me voy al casco viejo de la ciudad, donde como en la plaza de la Constitución enfrente de La Casa do Consello (Ayuntamiento). Acabo y voy a dar un paseo, voy al albergue y me compro una concha típica del camino. Lavo la ropa y me voy a la piscina a relajarme, donde me encuentro a Diego y le explico acerca de mis libros. Muestra interés y me anima a escribir.

Después de la piscina, me siento renovado. Voy a cenar algo cerca del río y me encuentro con los dos chicos murcianos que tocan la guitarra. Me ven a lo lejos, se alegran de verme y me acompañan en la cena. Me voy temprano al hostal, pues estoy cansado y quiero dormir. Aprendo que en estos tres días que llevo fuera de casa he ido aprendiendo cosas sobre mí que no conocía. Mañana tengo la intención de hacer el camino solo, pero me siento con más ganas de conectar con la gente y seguir haciendo amistades. Espero una cuarta revelación.

Espero que os haya gustado esta entrada.

 

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Capítulo 3 – La biblioteca

5 de octubre de 2007,

Estimado diario,

Ya ha pasado una semana desde que llegué. Todo va sobre ruedas. Estoy muy contenta de estar aquí. Bueno, reconozco que en cuanto pueda me buscaré otro piso. No soporto a Rachel. No para de comer durante todo el día y sus aburridas conversaciones me sacan de quicio. No para de contarme lo mucho que le gustaría vivir en España. Suerte que paso el día fuera de casa combinando estudios y ejercicio por el parque. Solo voy a casa para cenar, escribir este diario y dormir.

Hoy he ido a la biblioteca con Laurel. En muy poco tiempo nos hemos hecho muy amigas. Me ha contado que le encanta la natación y que ha ganado varios campeonatos. La verdad es que tiene un cuerpazo típico de nadadora: estilizado y una postura perfecta, lo que le hace muy atractiva. Le he contado que me gusta correr y ha aplaudido mi delgadez. Me encanta esta chica, aunque me gustaría estar aún más delgada.

En la biblioteca me ha presentado a dos amigas suyas: Jennifer y Sara, ambas estudiantes de Filología Inglesa, como nosotras. Una rubia y la otra morena, preciosas las dos, con atuendos casi tan elegantes como los de Laurel.

Jennifer era bailarina de ballet. Había comenzado no hacia mucho, pues sus padres le decían que debía centrarse en los estudios y no en tonterías. Una vez en la universidad e independiente, se apuntó a clases de ballet.

Por otro lado, Sara era una cabra loca. Iba con asiduidad al gimnasio, para entrenar con un único propósito: estar físicamente preparada para los deportes extremos. Cada vez que podía, saltaba desde un puente o se lanzaba en parapente. También solía hacer escalada si el tiempo lo permitía.

Les expliqué que yo era corredora. Siempre que podía salía a correr por montaña o participaba en alguna carrera. Cuando les dije que mi objetivo era participar en una media maratón por la montaña, Jennifer y Laurel me tomaron por loca. Excepto Sara, quien prometió ayudarme a entrenar.

—Este sábado hay una fiesta de inicio de semestre en la residencia donde vivo — dijo Laurel. — ¿Os apuntáis chicas?

—¡Claro que sí! — exclamó Jennifer dando palmadas.

—Genial. Me encantará ir — dije.

—De acuerdo chicas. Os espero a las ocho. No tardéis. Tengo una sorpresita para vosotras.

—¿Qué es? ¿Qué es? — insistí.

— Lo siento. No lo sabréis hasta el sábado.

La maldita nos dejó con la intriga. Qué rabia me daba.

Tras un par de horas, las chicas se marcharon de allí y me quedé sola en la biblioteca. Quería aprovechar para buscar un libro que necesitaba para estudiar. Tomé una escalera y busqué en la sección donde la bibliotecaria me indicó que se encontraba. Al poner un pie en el primer peldaño, reparé en que la escalera cogeaba un poco. Aun así subí para alcanzar el libro que necesitaba. Sin embargo, la escalera se movió a un lado, provocando que estuviese a punto de caerme. Gracias a mis rápidos reflejos, mis manos pudieron agarrarse a la estantería. Por desgracia, en vez de sujetarme, me caí al suelo tirando un montón de libros, aterrizando encima de mí.

En mis manos cayó un libro antiguo lleno de polvo. Lo sacudí y miré incrédula el título: La Bella y la Bestia. Lo que me faltaba, recordar películas de mi infancia.

—¿Estás bien? — dijo una voz masculina. Vi una mano que me ayudó a levantarme.

—Eso creo… — contesté tomando la mano.

Me hice mucho daño, pero nada importante, salvo cuando me levanté y vi que fue John quien me ayudó. Retiré mi mano de inmediato del asco. Él se percató y me miró perplejo. Se agachó y recogió el libro.

—Creo que deberías leerte este libro. ¿Sabes de qué trata?

—¿De zoofilia? — contesté con sarcasmo.

—Trata de que la belleza está en el interior.

—Creo que ya tienes una edad para ver películas de Disney, ¿no crees?

—La película está basada en este cuento francés de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont de 1756. Aunque él no es el autor original, su obra es una versión de la primera, si no me equivoco, de Gabrielle-Suzane Barbot de Villeneuve. Se le ha dado muchas interpretaciones. Una de ellas es la que conocemos de la película infantil: la belleza está en el interior.

—John, no me importa, ¿vale?

—Pues debería. No todo lo que es bonito es bueno, ni todo lo que es feo es malo.

—Mejor lo dejamos aquí. Adiós.

Me marché dejando a John el deber de recoger todos los libros del suelo. ¿Quién era él para decirme cómo debía pensar?

Salí sin el trabajo hecho y hecha una furia. Necesitaba alegrarme un poco, así que me fui a la tienda a comprar un vestido tan bonito como el de mis nuevas amigas.

Capítulo 1 – Arrival Day

“28 de septiembre de 2007
Estimado diario,
Alguien me advirtió de que con cada decisión que tomamos en la vida, desencadenamos una serie de hechos que afectarían no solo nuestras vidas, si no la de los demás. Algo que parece tan insignificante, como el aleteo de una mariposa, puede provocar grandes cambios. ¿Buenos o malos? No lo podemos saber. Solo vivir y decidir lo mejor que podemos y viajar.

“Un viaje de mil millas empieza con un primer paso”‘ dijo Lao-Tsé. Yo he acabado de dar el primero.

Hoy he llegado por fin a Cambridge. Hoy ha finalizado mi viaje. Anoche me despedí de mi amada León. Recuerdo la mirada triste de mis padres al subir en el bus que me dejaría en el aeropuerto de Barajas la mañana siguiente. No los iba a ver en mucho tiempo. Pasé el camino escuchando música, recordando veranos de mi infancia bañándome en el río Carrión, cerca de Palencia. No era la primera vez que me separaba de mis padres. Al inicio de cada semestre marchaba de casa hacia Madrid. Allí comencé mis estudios en Filología Inglesa en la Universidad Complutense, pero allí no los acabaré. Después de tres años de carrera sumergida entre libros de Shakespeare, decidí embarcarme en este viaje. 

Todo ocurrió un día en que un turista norteamericano me preguntó por la Puerta del Sol. Apenas pude entenderme con él. Descubrí que pese a mi culto vocabulario en la lengua mundial tenía serias dificultades de pronunciación, sin hablar del extraño acento yankee. Ese mismo día decidí aplicar al programa Erasmus. Semanas después recibí una carta de aceptación por parte de la University of Cambridge. Por fin tendría una oportunidad de mejorar mi inglés.

¿A quién quería engañar? Me aburría en la capital. Necesitaba un cambio después de tantos años de estudio. Necesitaba salir, vivir, disfrutar de la vida. Muchas eran las historias que corrían en los pasillos sobre los estudiantes de intercambio. Juerga, fiesta y diversión. Y esta, en mi primera noche aquí, marcaría el fin de mis días encerrada hincando los codos.

Llegué a la ciudad a mediodía. De inmediato fui al piso donde alquilé una habitación desde León. Internet nos facilitaba cada vez más la vida y me aseguré un lugar donde pasar las primeras noches. 

En cuanto llegué era justo lo que me esperaba. Un apartamento viejo pero asequible. Mi habitación era minúscula. Una cama pequeña, un estante y un estrecho armario. Tendría que repartir la ropa entre el mueble y la maleta. Ni escritorio ni mesita de noche. En fin. Al menos no dormiría en la calle,

Compartía piso con una chica de Irlanda del Norte. Rachel se llama. Su acento de Belfast aún más difícil de entender que el norteamericano. Además, es un poco rarita. Habla muy poco y apenas hemos entablado conversación más allá de repartirnos las tareas de limpieza. Sin contar que tiene un serio problema de sobrepeso. Empecé a dudar si mi decisión valdría la pena. Veía imposible con Rachel de entablar una amistad.

Por otro lado, iba a experimentar algo que de haberme quedado en mi tierra jamás haría. Tenía ganas de ir a una fiesta, beber, bailar y sobre todo conocer chicos. De una forma u otra le daría alegría al cuerpo. 

Pensaba en el primer paso de este viaje de mil millas. ¿Cómo sería mi vida de ahora en adelante? ¿Qué personas conocería? ¿Cuántas vidas cambiaría? Demasiadas preguntas. Me conformaré con disfrutar de este camino en los años venideros.

Pero ahora necesito descansar. Estoy agotada de todo el día. Antes de dormir miraré el mapa de la ciudad y me familiarizaré con mi nuevo entorno. Quizás salga a correr por algún parque cercano. No lo sé aún. Tengo un año por delante y tengo tiempo. Mañana Dios dirá.”