Escritura dramática

Estimados lectores:

Cuando uno decide embarcarse en un proyecto como el de escribir, se debe ser consciente que para poder avanzar, no solamente hace falta agarrar el ordenador, corregir, maquetar y vender, sino algo más: formarse.

A través de la formación, aprendemos o mejoramos nuestras aptitudes. Eso nos hace más capaces, así como eficientes. Digamos que es la única manera en la que podemos, poco a poco, alcanzar la maestría en unos años. Otros factores como las críticas constructivas y la práctica constante son también necesarias. Pero vamos a lo que iba.

En este viaje de la escritura, en el cual llevo unos escasos dos años, he tenido la oportunidad de poder participar en un taller de escritura dramática que la biblioteca Josep Soler Vidal de Gavà ha organizado. Me gustaría transmitir mi experiencia, pues creo que ha sido del todo beneficiosa. Estoy convencido de que los conocimientos adquiridos me van a permitir mejorar en términos cualitativos mis escritos.

A modo de resumen, la escritura dramática está enfocada al teatro. Sí, teatro. ¿Qué tiene que ver esto con la narrativa? Poco, pero a la vez mucho. Si bien son dos formas distintas de contar una historia, los conocimientos obtenidos en una disciplina pueden enriquecer a la otra.

Para comenzar os explicaré un poco por encima qué temas nos ha mostrado la escritora de teatro Olga Besolí. Si bien han sido cuatro días de curso, lo aprendido tiene un valor incalculable. Durante este tiempo hemos aprendido la estructura de la trama, la escenografía, cómo diseñar los personajes y cómo deben ser los diálogos. Además, quiero dejar clara una cosa: me ha encantado. No solamente por los contenidos, que han sido muchos, sino por los asistentes.

Éramos un grupo pequeño y las clases se impartían en un escenario de teatro en l’Espai Maragall, también en Gavà (mejor ambientación imposible). Para una persona introvertida como yo, el lugar era perfecto para concentrar todas mis energías en las diapositivas. Olga nos pasaba sus apuntes y durante las sesiones, nos iba proponiendo ejercicios para asimilar los conocimientos adquiridos. Si bien entre los asistentes nos encontrábamos escritores, actores y gente de otros ámbitos, la cosa parecía fácil, pero no fue así. Lo bueno, desde mi punto de vista, era que cada uno de nosotros aportaba su perspectiva desde su experiencia, ya que en teatro, las obras se desarrollan a tiempo real y hay que tener en cuenta elementos de escenografía, el número de actores (y su coordinación en la obra) y la logística de la obra (dar tiempo a los actores a cambiarse de ropa entre diferentes escenas, por ejemplo), así como otras variables en juego como su viabilidad económica.

En narrativa contamos con la ventaja de que podemos imaginarnos mundos imposibles y escenas rocambolescas que se materializan en la mente del lector. No hay límites. Todo es posible. Lo mismo pasa con el cine (y hasta este tiene sus limitaciones).

Estos detalles provocan que la estrategia llevada a cabo en teatro tome otro enfoque, como las relaciones humanas, pues interpretarlas y llevarlas a cabo en teatro es mucho más plausible que hacer volar a una persona con efectos especiales. Si habéis estado alguna vez en Broadway y visto algunas de sus obras veréis que son espectaculares, pero hasta allí, que usan efectos especiales de todo tipo, tienen sus limitaciones. Solo puedo hablar de mi experiencia con El fantasma de la ópera, pero tras el curso de escritura dramática he podido comprender con más detalle algunos de los recursos utilizados en tal compleja obra, los cuales, ni siquiera en Broadway hubieran podido llevar a cabo con más facilidad. (Hablo de Broadway porque ya se sabe que a los norteamericanos les gusta mucho hacerlo todo “a lo grande”).

En fin, no sé qué más decir. Tenía ganas de acabar con ansias este post para poder escribir una obra de microteatro y practicar, practicar y practicar. Solo puedo añadir que la escritura dramática es un mundo fantástico, con una magia propia. Ojalá nunca se pierda este arte.

Espero que os haya gustado.

Anuncios

¡Corre! ¡Lee esto!

¡Más rápido! ¡Lo necesitaba para ayer! ¡Date prisa o te lo quitaran de las manos!

Ahora mismo estoy escribiendo este artículo sobre las prisas, con toda la calma del mundo. No voy a correr. Lo siento. ¿Que la competencia está corriendo para sacar un libro en tres meses? Me da igual. Ninguna presión. Bueno, vale. Voy a reconocerlo. A veces, también me estreso, y mucho, para avanzar en mis tareas.

Sin embargo, hay momentos en los que me freno en seco y observo a mi alrededor. Mi mente, agitada por naturaleza, sigue moviéndose a un ritmo vertiginoso mientras otra parte del cerebro, que no se cuál es, se esfuerza por mantenerme calmado.

En esos momentos en los que observo el mundo, reflexiono. En mi entorno, todo se mueve muy deprisa: los coches, la gente en el trabajo o en el gimnasio… Todos buscan resultados rápidos e inmediatos.

Este es el ritmo de vida en pleno siglo XXI, al menos en las grandes ciudades como Barcelona. Esto se ha convertido en algo normal. Hasta aquí, todo va bien hasta que esta velocidad nos desgasta como personas y se vuelve en una trampa que antes de que nos hayamos dado cuenta nos castiga.

Un ejemplo es el mercado inmobiliario. Después de unos incontables años de crisis, la cosa remonta. Cuando vas a mirar un piso y a preguntar, tú, que eres un tipo al que le gusta tomarse su tiempo para tomar una decisión tan importante (sobre todo, por la hipoteca que te encadena para casi toda tu vida), te viene el vendedor o la vendedora y te dice:

–¡No tardes mucho en decidirte! ¡Me quitan el piso de las manos!

Entonces, dependiendo de varias factores, entre ellos, ese rasgo de la personalidad llamado resiliencia que se está poniendo tan de moda (tan útil, aunque luego pasará a ser algo que pidan las empresas cuando nadie sabrá darte una definición exacta de lo que es, como pasa con términos como proactividad o creatividad, que pocos te saben explicar, solo exigir que lo seas, aunque ese es otro tema), te ayudará a resistir la adversidad de la situación y a mantenerte en tu posición, decir que no das una respuesta por el momento hasta que te lo pienses bien.

Al cabo de un rato, viene otro interesado, le cuentan el mismo cuento y, ¿qué pasa? ¡Piso vendido! O reservado, hasta que a los compradores les concedan la hipoteca.

El otro día leí un debate en Linkedin acerca de una chica que quería un trabajo tranquilo. A continuación, recibió un aluvión de críticas tildándola de “vaga”, “ineficiente” y cualquier otra barbaridad que al ser humano se le pueda ocurrir. Todo era justificable para machacar a la muchacha.

Entonces, en estos momentos en los que me paro y observo el mundo, pienso: “¿Para qué correr tanto? ¿Por qué tenemos que hacer las cosas tan rápido, bajo una constante presión y sacar resultados casi de inmediato?”

Hemos llegado a un punto en el que vivimos en una carrera, bajo la falsa ilusión de que corriendo llegamos antes. ¿Queréis saber que pienso? Pues habéis acertado. Es mentira.

Con esto no quiero decir que correr esea malo y que debamos movernos a ritmo de tortuga. Al contrario. Creo que todo tiene su velocidad. Hay momentos en los que hay que ser como un relámpago y otros, en los que hay que elogiar a la lentitud.

Me explico. Si vas por una carretera y conduces a dos cientos kilómetros por ahora, hay una probabilidad bastante elevada de tener un accidente. Si conduces a cuarenta, es probable que estorbes y que también lo provoques. No confudamos esto con que ir a la velocidad de la vía es lo correcto (si no, llegamos a la misma paradoja anteriormente descrita, pues si todos van a dos cientos y tú no, deberías adaptarte a esa velocidad).

En cambio, si viajas una velocidad que el estado de tu vehículo, condiciones de la vía, meterología, etc., te lo permita, puedes llegar a buen puerto de la manera más rápida posible.

La idea que quiero resaltar con todos estos ejemplos es que antes de realizar una tarea y nos dé por correr, debemos plantearnos si realmente merece la pena. Como bien sabido es, puede ser que uno viaje a dos cientos, pero quizá su coche y habilidad se lo permita, pero tú, ¿realmente crees que puedes ir a esa velocidad?

El grado de velocidad no determina el grado de eficiencia. En la vida, hay momentos para todo. Ciertas tareas requieren de una concentración y un tiempo, mientras que otras requieren moverse a la velocidad del rayo. Cuál es la adecuada, solo lo podrán determinar las circunstancias y la persona. No obstante, no hay que caer en la trampa de que correr siempre, es sinónimo de ser eficiente y eficaz.

Espero que os haya gustado esta reflexión.

El poder de los introvertidos

Estimados lectores:

Por fin veo la luz al final del túnel. Llevo desde septiembre inmerso en mi Trabajo de Fin de Grado. Apenas he tenido tiempo para leer y aún menos, escribir.

Por fortuna, he podido encontrar algunos libros interesantes durante estos meses además de los requeridos para mi disertación. Uno de ellos, lo encontré por casualidad durante mis vacaciones en Nueva York. Visitaba la ciudad durante el frío mes de noviembre. Recorríamos las avenidas cercanas a Times Square hasta que llegamos a Bryant Park. Allí había una pista de hielo (más grande que la del Rockerfeller, por cierto), donde los neoyorquinos se deleitaban patinando en círculos.

Al lado se encontraba la biblioteca pública. Cuando tuvimos la oportunidad entramos a visitarla. Como no, acabé entrando en una tienda de libros y allí estaba esa obra que me llamó la atención desde que vi la portada a lo lejos.

El libro se titula Quiet: The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking, de la autora Susan Cain. Al leer de qué trataba me di cuenta de por qué sentí que contenía algo especial. Le tomé una foto y adquirí la versión ebook en Amazon. En cuanto empecé a leerlo, comprendí muchas cosas sobre mí mismo y sobre el funcionamiento del mundo.

Una de las razones por las que me llegó tanto al alma fue descubrir, entre otras cosas, por qué escribo o por qué me comporto de una u otra manera. Me explico. Me considero y me consideran introvertido. Ese podría ser uno de los motivos por los que me gusta escribir. Según este libro, los que somos así nos expresamos mejor por escrito. También disfrutamos de la soledad y solemos vivir dentro de nuestra cabeza.

Además de cosas que ya sé, pues soy así, lo que más me gusta es el análisis que hace este ensayo sobre nuestra forma de pensar. Somos un tipo de persona más reflexiva, que se plantea cuestiones más profundas y percibe aspectos que los extrovertidos no. Con esto no quiere decir que seamos más inteligentes, ni mucho menos. Solo nos comunicamos de manera diferente.

Al principio me sentía terrible por querer pasar buena parte de mi tiempo libre en soledad. Me sentía antisocial. De hecho, hay gente que me acusa de serlo y sí, lo soy a veces, pero pasar tiempo de calidad es para nosotros vital, pues es cuando solemos recargar nuestras energías. Lo peor de todo es que vivimos en una cultura en la que ser así está castigado socialmente. Nos consideran bichos raros, por así decirlo. No lo somos, ni mucho menos y gracias al libro de Susan Cain he podido entender que no hay nada raro en nosotros, ni nada malo.

Y sí, amigo o amiga mía, si te sientes como yo, piensa que no eres un bicho raro ni nadie a quien atosigar. Disfruta de tu tiempo a solas después de ver a tus amigos y date el capricho de sentir el silencio cuando lo necesites. Nuestra misión en el mundo es ver, sentir, notar y reflexionar sobre aquellas cosas que los demás no perciben. Disfruta de escribir o de ver una película un sábado por la tarde en tu casa cuando lo necesites y no te sientas mal por ello.

Si queréis saber más de este libro, podéis consultar su página web y autora:

https://www.quietrev.com

Espero que os haya gustado y que algún día podáis leerlo.

Un abrazo.

Lógica de roca VS lógica de agua

Estimados lectores:

¿Conocéis a Edward de Bono? A lo mejor por su nombre no os suena, pero es el creador del pensamiento lateral, una de las técnicas usadas para la creatividad. Este término está de moda a nivel empresarial, sobre todo en los equipos de innovación. A pesar de que la mayoría se dedican a vender humo con el pensamiento lateral, pues no comprenden en su plenitud en qué consiste esta técnica, aprender a utilitzarla ayuda a romper con las barreras del estancamiento cuando se necesitan nuevas ideas. Este post no trata del pensamiento creativo, así que si queréis saber más del tema, pulsad en este enlace para saber más.

Ahora que hemos introducido el tema, pasaremos al objeto central de este artículo. En concreto, nos vamos a centrar en otro concepto definido por el mismo autor: la lógica de roca y la lógica de agua.

Si habéis leído las noticias, os habréis dado cuenta de la gravedad del conflicto existente entre Cataluña y España. Sin entrar en debates políticos, utilizaré este ejemplo para explicar la diferencia entre la lógica de roca y la de agua.

Lógica de roca

Una de las obras de Edward de Bono, I am right, You’re wrong, nos explica el concepto entre ambos tipos de lógica.

La lógica de roca consistiría en un tipo de pensamiento estricto e inalterable. Como dice su nombre, es como el de una roca. Ejemplo con el tema actual de política:

“Si no eres independentista, eres un fascista español.”

“Si hablas catalán, odias España.”

“La ley es la ley y se debe cumplir. Punto final.”

Y un largo etcétera.

¿Os suenan estas frases? Se repiten constantemente en los medios. Si os habéis fijado, este tipo de afirmaciones tan estrictas están provocando conflictos entre diferentes grupos de personas, entre ellos amigos y familiares.

No os penséis que esto solo ocurre con el conflicto actual. Desde tiempos inmemoriables, este tipo de pensamiento ha estado presente en nuestras vidas. De hecho, se ha trasladado a la informática, que toma valores de verdadero o falso. También existe en muchos idiomas y es presente en nuestro vocabulario diario. Ejemplos:

  • Blanco o negro.
  • Verdadero o falso.
  • Listo o tonto.
  • Etc.

Según este autor, este tipo de pensamiento proviene de la lógica griega. Es la forma del pensamiento deductivo y también la causa de los grandes males de la humanidad. Por esa razón he introducido el tema con el conflicto existente entre España y Cataluña. Por suerte, la evolución de la sociedad está rompiendo con esta forma de pensar tan dañina y está dando lugar a otra más sana.

Lógica de agua

La lógica de agua es una forma de pensamiento más flexible, adaptable a las circunstancias y, además, permite muchos escenarios posibles. Según Edward de Bono, suele ser presente en la poesía y la música, pues se utilizan palabras de cualquier tipo para describir una emoción.

Como se ha mencionado con anterioridad, este tipo de pensamiento permite aceptar diferentes puntos de vista. Siguiendo con el ejemplo anterior, las personas que han aplicado una lógica de agua piensan así:

  • Me siento tanto catalán como español.
  • Hablo catalán, pero me siento español.
  • No hablo catalán ni español, pero apoyo la independencia.
  • Mi familia, desde el origen de los tiempos, se siente catalana y no española, pero no apoya la independencia.
  • Soy independentista y creo que debo votar el 1-O. Mi pareja no se siente así y prefiere no votar y ser fiel a la ley. A pesar de ello, nos vamos a casar y a tener hijos el mes que viene.

Estos ejemplos que pongo son formas de pensamiento que, por fortuna, cada vez son más frecuentes.

Gracias a la lógica de agua, las diferentes perspectivas son mejor aceptadas, pues permite comprender que existe una escala de grises.

El reto

Hay que reconocer que muchas veces nos cuesta aceptar las diferentes opiniones de los demás. Yo soy un claro ejemplo. No obstante, considero que para progresar en el ámbito personal y familiar, uno debe aprender a romper con la lógica de roca y pensar a través de la lógica de agua.

En este artículo, he usado un tema político que está haciendo mucho daño a ambas regiones, solo por el simple hecho de no saber aceptar otras formas posibles de convivencia, así como ideologías.

Aplicado al ámbito profesional, por ejemplo, en el tema de la escritura, existen muchos conceptos que obligan al autor seguir unas pautas en concreto para elaborar una obra. Una de ellas es el viaje del héroe, utilizada con frecuencia en el cine y en la escritura. Muchos autores, incluso, no son conscientes de que la usan.

¿Por qué debemos usar la misma estructura siempre?

¿Por qué debemos ceñirnos siempre a un mismo género? ¿Nos convertiremos en peores autores si escribimos en varios?

¿Por qué el escritor que se dedica a la novela erótica solo busca el sexo para vender?

Estas preguntas proceden de afirmaciones vistas en las redes sociales. Se tratan del pensamiento a través de la lógica de roca y son claramente dañinas.

De acuerdo, seguir unas pautas y unas estructuras en concreto nos ayudan a avanzar. No hay nada que discutir en esto. No obstante, considero que lo primordial es aprender una manera de hacer las cosas que nos pueda resultar cómoda y, luego, pensar cómo mejorarla a través de la innovación y el pensamiento lateral.

Cuando decidimos realizar las cosas de manera estricta, nos estancamos en un flujo de pensamiento que no permite la innovación. En cambio, si aceptamos trabajar la lógica de agua, podremos descubrir nuevas perspectivas que nos ayudarán a inventar nuevos métodos.

Para finalizar, el consejo que os doy es seguir al mismo Edward de Bono y practicar el humor. ¿Por qué? Porque el humor refleja la lógica de agua y nos permite ver las cosas desde diferentes perspectivas, así como desarrollar el pensamiento lateral.

Así que, si se te ocurre un chiste, por muy malo que sea, explícalo o intenta inventarte alguno. Verás cómo a medida que pase el tiempo, serás capaz de generar más ideas y avanzar tanto a nivel personal como profesional.

 

 

El conocimiento es poder

Estimados lectores:

Si estás leyendo este post, será quizás porque te haya llamado la atención el título. No es difícil acertar de qué tratará este artículo antes de leerlo, pero creo que merece la pena hablar del tema.

¿Por qué el conocimiento es poder?

Con poder no me refiero a que te conviertas en un líder indiscutible que tenga su propio trono, con muchos sirvientes a tu cargo y grandes cantidades de dinero. No, ni mucho menos.

El conocimiento es un tipo de riqueza muchas veces poco valorado por la humanidad. ¿No me crees? Dime, ¿cuántas veces has evitado estudiar o leer sobre temas en concretos? A lo mejor eres como yo y te distraes cuando una mosca pasa por delante de tus narices, pero la verdad, los que somos curiosos gozamos de una habilidad que, bien aprovechada, puede garantizarte la supervivencia en este mundo tan complejo.

Me embarqué en el mundo de la escritura hace dos años. Cuando escribí mi primer libro, recibí varias críticas negativas con base en algunos errores que había cometido, sobre todo gramaticales. Sí, me sentó mal e incluso me replanteé abandonar. Me comentaban constantemente que debía usar correctores, que debían diseñarme la portada o incluso que mi libro era aburrido. Bueno, también recibí críticas positivas de varias personas. Al fin y al cabo, cada uno tiene sus gustos. ¿No?

En cuanto a las críticas recibidas, algunas eran ciertas. Cometí ciertos errores que podían evitarse, pero, ¿sabéis qué? Aprender de ellos me hizo más sabio, más poderoso.

Me volví más poderoso porque aprendí aspectos de la lengua española que desconocía. Gracias a aquella experiencia, decidí invertir una parte de mi tiempo en mejorar a escribir (y sigo haciéndolo). Con el pasar de los meses, he notado mejoría.

En la escritura, es conveniente durante el transcurso del viaje apoyarse en personas más experimentadas que uno mismo. No importa si las contratas o simplemente te echan un cable. Lo que importa es que no dejes en sus manos todo tu proyecto. Esto es aplicable a otros ámbitos de la vida.

¿Por qué? Muchos escritores solo escriben y confían sus obras a los correctores. Creo que es conveniente dedicar un tiempo a la formación en cualquier aspecto: lingüística, por ejemplo. Como he mencionado antes, yo lo hago.

Cuando aprendes, ganas en criterio, sabiduría y también en ignorancia. Esta última es crítica. Cuanto más consciente es uno de aquello que desconoce, más se replantea las cosas. El regalo de aprender es maravilloso.

Aprender y adquirir conocimiento nos permite vivir con más libertad. ¿Os ha pasado alguna vez que alguien os ha intentado engañar y gracias a vuestro conocimiento no lo ha conseguido? Gracias a ello, hemos evitado situaciones lamentables.

Esto es aplicable a cualquier ámbito de la vida. Aunque parezca absurdo, si tienes un amigo agricultor que te quiere explicar cómo distinguir el melón bueno del malo, deberías escucharle. Cuando vayas a comprar, verás cómo tu criterio ha mejorado y serás capaz de hacer una mejor elección.

¿Cómo adquirir conocimiento?

Desde siempre, nos han enseñado que para adquirir conocimiento hay que leer. Eso es verdad, pero también mentira.

No todos los libros enseñan cosas útiles, pero sí diferentes puntos de vista. Leer nos permite ampliar nuestros horizontes y ver las cosas desde otra perspectiva. Podrás ser capaz de ver en las sombras. Sólo hay que saber distinguir entre aquellos que nos aportan algo de valor en nuestras vidas y cuáles no. Esto ya es un tema subjetivo, pues cada uno elige lo que resulta más útil.

Sin embargo, para mí, la mejor manera de adquirir conocimiento es escuchando a los demás. A lo mejor tienes un doctorado y crees que no necesitas la opinión de un barrendero. Si así lo crees, estás totalmente equivocado. Lo siento. Tener estudios no te hace más sabio.

El verdadero conocimiento se encuentra en todos lados: en los libros, en las personas, en las películas, en la naturaleza, etc. Solo se necesita una cosa: mantener la mente abierta.

Existe un tipo de ser llamado “creativo”, que suelen presumir de generar buenas ideas y, encima, útiles. Algunos trabajan en publicidad y otros como coach. Dejando a un lado mis opiniones acerca de ellos (algunos no admiten otros puntos de vista, por lo que, no sé cómo alcanzan a ser “creativos”).

No obstante, tras esa venta de humo que te aportan, existe un buen consejo que deberíamos aplicar: para generar nuevas ideas, el conocmiento es necesario.

Si eres escritor, te habrás dado cuenta de que a medida que lees a otros autores, artículos sobre diferentes temas, etc., se te habrán ocurrido nuevas ideas para aplicar a tus historias y enriquecerlas. ¿Te has dado cuenta de que has creado mundos más realistas, personajes más humanos e incluso creado una sociedad compleja con una historia?

Pues ya sabes, amigo. Si quieres avanzar en la vida, abre tu mente y aprende cuánto puedas.

Un abrazo.

Reseña de El callejón de Jack

Estimados lectores:

Las vacaciones se acaban y con ello me reincorporo mañana a mi puesto de trabajo habitual. Por suerte, durante estos días de vacaciones he podido leer varios libros y despejar mi mente.

En esta ocasión hablaré de El callejón de Jack, escrita por Joaquim Colomer Boixés, que nos cuenta una historia ambientada en el barrio de Whitechapel de Londres en la que un asesino luchará por volver a la muerte.

Datos técnicos:

El callejón de Jack

Título: El callejón de Jack

Autor: Joaquim Colomer Boixés

Género: fantasía oscura

Longitud: 216 páginas

Si quieres conocer más detalles o adquirir el libro, pulsa aquí.

 

 

 

Sinopsis (extraída de Amazon):

“Whitechapel, un tranquilo barrio londinense, empieza a darse a conocer por los misteriosos y brutales asesinatos que se suceden en él. Múltiples testigos creen haber visto a un espíritu maligno que reside en un lúgubre callejón. Él, en realidad, busca regresar a la vida. Aunque sea a través de la muerte.
Se rumorea que un libro nigromántico tiene la culpa.

Una novela sobrenatural, llena de suspense que llevará de la mano al lector hasta sus más profundas pesadillas.”

Opinión personal:

La nigromancia es un arte oscuro que consiste en la comunicación con el mundo de los muertos para predecir el futuro, entre otras cosas.

En el cine o los videojuegos, la nigromancia consiste, además, en resucitar a los muertos, algo que en la realidad no formaba parte de su función principal. Los nigromantes buscan preservar el equilibrio entre la vida y la muerte.

En la novela, la nigromancia se utiliza como ritual para regresar a la vida.

La novela nos lleva al barrio londinense de Whitechapel, en la que un perturbado llamado Jack intenta por todos los medios que la nigromancia le permite volver a la vida.

Curioso es un libro en la que el antagonista es el centro de atención de toda la novela. Podría decirse que es el mismo protagonista, pues durante el transcurso de la historia conocemos en casi todo momento los pensamientos macabros y perturbados de Jack, así como sus planes para resucitar.

Es un libro que me ha gustado por su dinámica y su enfoque, como he dicho anteriormente, en el que se ha centrado el autor para que conozcamos la evolución del mismo antagonista.

También me ha gustado cómo detalla el autor la desesperación del asesino para lograr su objetivo. El libro avanza rápidamente y crea una sensación de ansiedad constante, provocada por los continuos tropiezos que el personaje se topa en su camino. Para mí, esto enriquece el avance de la historia.

Es una lectura recomendable para amantes del género de fantasía oscura, policíaca y con toques de terror.

 

 

 

 

 

 

 

Terror

No sabría por dónde empezar. Los terrores que me acechaban mientras dormía… No quiero recordarlos. Pero ahí están, detrás de mí mientras escribo en mi ordenador esta macabra experiencia.

Los siento. Siguen ahí. Me susurran en la nuca. Esas voces que parecen proceder de ultratumba se ríen de mí al ritmo que tecleo con el ordenador. Suena como una melodía fantasmal. Entonces comienzo a recordar  sus carcajadas taladrándome el cerebro.

Me asfixio. Mucho. No puedo respirar y me estoy ahogando. Grito pero nadie me escucha. ¿Estoy solo? Mi mujer yace al lado, dormida plácidamente. ¿Por qué no me oye? Grito, grito y grito; sin ningún resultado.

Las sábanas están chorreando de mis sudores. Estoy deshidratado, a la vez que desorientado. Es mi habitación, pero parece diferente. ¿Dónde estoy?

Quiero bajar de la cama e ir al lavabo, pero algo me hace recular. Una neblina cubre el suelo. El parqué de mi casa ha desaparecido. Solo hay un abismo. Decido que lo mejor es volver a tumbarme e intentar dormir. Seguro que todo es una pesadilla.

De repente, una mano espectral me agarra de la pierna y me tira, lanzándome al interior de la neblina. Vuelvo a gritar, pero nadie me oye. Una calavera gigante se manifiesta delante de mí y se ríe estrepitosamente.

Caigo en un lugar que desconozco. Es otro mundo, otra dimensión. Estoy solo. Miro hacia arriba y veo mi cama. Veo a mi mujer y a mí dormir. Pienso, extrañado, qué ha pasado.

«Has muerto de un infarto», dice una voz tenebrosa.

Lo niego. Es imposible. Pongo la mano en mi pecho para comprobar que no estoy soñando. No siento nada. ¿Dónde están? ¿Cómo? ¿Por qué?

Mi corazón ha dejado de latir. Estoy muerto de verdad.

Delante de mí aparece una silueta oscura. Se parece a mí. Me comienza a insultar. Me llama inútil, fracasado y mentiroso. No entiendo por qué lo hace. Solo sé que siento que es verdad, pero mi boca dice lo contrario:

«¡No soy un inútil!», grito. Entonces la silueta comienza a reír y se mete en mi cabeza.

Me susurra. Oigo esas voces retumbar en mi cabeza como si un caballo galopara por dentro a un ritmo frenético. Me tiro de los pelos. No puedo soportar el dolor que se produce en mi mente.

A continuación, las voces se convierten en un chirrido y me tapo los oídos. Es inútil porque el ruido está dentro, no fuera. Al retirarlas compruebo un reguero de sangre en mis oídos.

En mi mente se reproducen escenas constantemente. Son personas que me ignoran. Quiero hablarles pero huyen de mí. Les muestro mis libros. No quieren dedicar ni un solo segundo a leer ni siquiera la sinopsis de mis obras. Se ríen de mí y se van.

«¿Eres tú ese que va de escritor y no sabe poner ni un acento?», me dicen.

Suena mi móvil. He recibido una notificación. Un mensaje en Facebook me avisa de que alguien ha leído mi móvil. Es una persona experta. Al menos, eso creo, y me envía un comentario de mi libro.

«Es una mierda. Dedícate a otra cosa. Ahora pondré en mi blog una reseña recomendando no leer tu obra. Está llena de errores y la historia es mala.»

A continuación, millones de comentarios aparecen en las redes sociales y todos los medios criticándome como escritor. No puedo respirar. Me está dando un ataque de ansiedad. O un infarto, qué sé yo. Sólo sé que me mareo y me siento hundido.

Debo huir, ahora que puedo, dejar la pluma y quedarme en casa viendo la tele todo el día como la gente normal.

De un sobresalto aparezco en mi cama de nuevo. ¿Qué ha pasado? Miro la hora. Son las 5:30 de la mañana. Solo he dormido 3 horas. Miro por la ventana y el cielo es un poco más claro. Ya no es la oscura noche. Un hermoso y nuevo día.

Miro a mi alrededor. No hay más demonios, no más fantasmas. Estoy en mi cama junto a mi esposa, que duerme como si nada ocurriera.

Cojo el móvil y miro las redes sociales. Todavía ni un comentario, ni una reseña de mi libro nuevo. Entonces reparo en que estoy obsesionado con las críticas, con lo que puedan opinar de mí y lo mucho que me pueden hundir.

La razón hace un esfuerzo en decirme que todavía es el principio de mi camino, que no me preocupe, que los frutos tarde o temprano llegarán.

Pero mi corazón, que late con normalidad, me dice lo contrario. Me dice que debo dejarlo, que voy a fracasar. Son como las voces que he oído en mi sueño, solo que ahora lo escucho dentro de la voz de mi consciencia.

¿Qué hago? No lo sé. Solo sé que he aprendido una cosa de mí. Si quiero continuar, debo superar estos episodios de ansiedad. ¿Le pasará a otros escritores? ¿A todo aquel que se embarca en una aventura? Son muchas las preguntas en relación a los demás, pero mis miedos son solo míos y solo me afectan a mí.

Algo tengo que hacer. Debo decidir si quedarme en la cama envuelto en unas sábanas mojadas por sudor causado por el terror…

…O hacer algo al respecto y seguir luchando.

 

 

 

Reseña de Ella lo sabe de Lorena Franco

Estimados lectores:

Hace mil años —o más— que no escribo una reseña en mi blog.  Después de acabar mi segundo libro me he puesto las pilas con las lecturas pendientes. Debo confesar, además, que no suelo reseñar todo lo que leo, pues no todas las lecturas son de mi agrado y encuentro contraproducente manifestar la opinión de un libro que no alcanza mi alma. No lo encuentro justo, pues creo que lo que no me gusta a mí puede gustarle a alguien. Además, escribir es un trabajo muy duro —llevo solo dos libros y es agotador, aunque excitante—, y lo que no me guste a mí no tiene por qué gustarle a todo el mundo.

Hoy no obstante, voy a hablar del libro Ella lo sabe de Lorena Franco, semifinalista del premio literario de Amazon del año 2016 con su obra: La viajera del tiempo.

Debo ser honesto. Me gusta pillar en flagrante a los escritores que disfruten de un alto grado de notoriedad. Soy una persona muy crítica, sobre todo con mis escritos, y pocos fallos permito. Tan obsesivo soy, que cuando yo me equivoco me llego a obsesionar día y noche. Así entiendo yo cómo debe ser el aprendizaje. También lo hago con otros escritores. Es lo que hay.

Pues bien, tomé este libro con el reto de dejarme sorprender y criticarlo, además de responderme a la pregunta: «¿qué atrapa tanto a los lectores de Lorena?» La curiosidad llamó a mi puerta y acabé adquiriendo este libro, en formato físico, un día que paseaba por la ciudad donde se desarrolla parte de la trama de este libro: Barcelona.

Datos del libro (tomados de Amazon):

ella lo sabe.JPG

Título: Ella lo sabe

Autora: Lorena Franco

Género: noir/policíaca

Editorial: Plan B

Longitud: 536 páginas

Si quieres conocer más detalles o adquirir el libro, pulsa aquí.

 

Sinopsis (tomada de Amazon): 

 «Vi irse a María con Víctor el jueves a las dos y media de la madrugada. Él volvió y ella, desde entonces, está desaparecida.» La rutina de Andrea, una escritora de thrillers traumatizada por un horrible suceso del pasado y un matrimonio que está a punto de romperse, se ve interrumpida por la inesperada llegada de su cuñado. Mario es un tipo silencioso y extraño del que no sabe nada. Su manía de fisgonear a través de la ventana de la cocina la vida de sus vecinos, la llevará a descubrir que una madrugada estival cualquiera, en la calle de la urbanización en la que vive y donde nunca pasa nada, su vecina María se sube en el coche de su cuñado. Él vuelve pero María no.

Opinión:

Me llevé un chasco y me tengo que callar la boca, pues no lo puedo criticar. Al contrario. He quedado maravillado.

Este libro me ha encantado y enganchado desde por varios motivos:

Los personajes están bien definidos y construidos desde mi punto de vista. Partiendo de la premisa de Nicolás Maquiavelo: «Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.»; la historia se desenvuelve en un entorno, aparentemente tranquilo donde nunca pasa nada.

Me he sentido muy identificado con esa frase; y por tanto, por la historia, la cual me ha marcado a nivel personal. Siempre que me han acusado de ser un rarito, o un freaky, me he defendido con la frase: «Si pudiésemos leer la mente de otras personas, nos sorprenderíamos de los secretos que llegan a esconder. Valientes somos los que nos mostramos al mundo tal y como somos.». Esta última frase es mía y la repito con frecuencia.

La autora juega constantemente con la mente del autor, confundiéndole, dándole falsas pistas y esperanzas de lo que va a suceder. Si bien uno especula acerca de lo que puede ocurrir, en la mayoría de casos uno se siente frustrado, pues cada acontecimiento se desarrolla de una forma inesperada.

El argumento es extremadamente lógico, eso sí, pero es casi imposible adivinar qué ocurrirá a medida que avanza la historia, narrada desde el punto de vista de diferentes personajes.

En conclusión, mi más sincera enhorabuena a la autora. Esperaba que este libro fuese del montón y no ha sido así.

Este libro te gustará si…

  • Te gusta el suspense y la intriga.
  • Las novelas policíacas.

Espero que os haya gustado esta reseña.

Jorge Ruiz

 

 

Cuánto sufre una mujer

Estimados lectores:

A medida que avanzan los días, la esperanza de que algún día esta sociedad evolucione se desvanece poco a poco en el aire.

Antes de leer el diario, debo realizar varias respiraciones para relajarme y afrontar las noticias que voy a leer. Entonces navego por el portal online del diario hasta que me topo con aquello que más temía: otra prueba más de que vivimos en la prehistoria.

Una de las noticias del 8 de agosto publicadas en varios diarios, como el AS, me cuenta en su titular: «Los bañadores de las socorristas de Gijón y el machismo de las redes sociales.». Empiezo a leer y no sé si reír o llorar. Según la noticia, las socorristas son criticadas con severidad con comentarios machistas, hasta llegar al punto en el que se les recomienda vestir pantalón —y no ir con el bañador a plena vista—.

Dejo de leer la noticia tras quedarme de piedra y decido apenarme por la escasez de cerebro de la que sufren algunos.

Pasan dos días. Vuelvo a tomar un diario diferente, esperando encontrarme alguna noticia del tipo: «Se ha encontrado una cura para el cáncer.». Luego recuerdo que no vivimos en el siglo XXI, sino en la Edad Media, en cuanto otra noticia aparece por delante de mis narices en diarios como El País, cuyo titular dice: «Amonestada por dar el pecho a su bebé dentro de una piscina pública». La explicación que le dieron los responsables de la piscina, al parecer fueron que estaba prohibido comer y beber, y que era antihigiénico —o sea, que es preferible que un bebé muera a que una gotita de leche materna provoque la devastación en todo el recinto—.

Releo la noticia y me pregunto si se trata de una nueva novela de ciencia ficción ambientada en la época de la Inquisición, porque si no, yo no me lo explico. ¿Tan difícil es ser mujer? Como hombre muchas veces me he hecho esa pregunta. Sin embargo, lo obvio está ahí, delante de nuestras narices y las cosas siguen sin cambiar. Ser mujer es difícil. Lo es, y mucho.

Sin mencionar las ya evidentes funciones biológicas que tienen en la naturaleza, deben aguantar encima todo tipo de comentarios todos los días:

  • Que si por dar de amamantar a su hijo está provocando, siendo antihigiénica, que si bla, bla, bla.
  • Que si por ir con bañador trabajando de socorrista está provocando.
  • Que si ir con minifalda es provocar.
  • Que si por tener unos kilitos de más, está gorda y fea…
  • Todos los que hayáis escuchado y resulten ofensivos para el sexo femenino.

Estas noticias son una prueba más de que esta sociedad está enferma en muchos aspectos, y este es uno de los más preocupantes. ¿Por qué no dejamos que las mujeres sean libres, hablen y vistan como les salga de ahí? A nosotros, los hombres, nos permiten beber cerveza, acostarnos con las que nos dé la gana, ir con la camisa abierta, e incluso pasarnos días enteros en casa sin mover un dedo y nadie lo critica. ¿Cuándo acabará esta situación tan aberrante?

Estimados lectores: aun queda mucho camino por hacer para que haya una igualdad de derechos entre ambos sexos. Esto es responsabilidad de ambos: tanto de hombres como mujeres. Y para quien no lo entienda, darle pecho a un bebé no es provocar, sino un acto de la naturaleza. Quien lo dude, que se pregunte cómo sobrevivió durante los primeros meses de su vida. ¿Del aire? Pues no. De un pecho materno con una leche elaborada desde el amor verdadero.

Dejemos de tratarlas como objetos, por favor.

Saludos

Por trece razones… o por muchas más

Estimados lectores:

Por fin he acabado de escribir y publicar en Amazon mi segundo libro: La daga. Debo admitir que me siento plenamente orgulloso de haber podido finalizar este trabajo.

Desde la publicación de Encadenado, no ha sido para nada un año fácil para mí. He sufrido pérdidas familiares, accidentes y cambios de turno en mi trabajo. Además debo añadir que he tenido que dedicar tiempo a la carrera, así como visitar el gimnasio para mantenerme en el estado más saludable posible.

Pero por fin, he podido terminar una obra que me ha provocado más de un quebradero de cabeza.

No sé si habré escrito el relato perfecto. Lo dudo. No porque no me vea capaz de hacerlo, sino al contrario. A medida que pasa el tiempo, a medida que aprendo, me doy cada vez más cuenta de lo ignorante que soy, de que debo no solo trabajar más aspectos como la narrativa o aquello que llaman estilo.

Debo aprender, y mucho.

Pero hay algo de lo que me he dado cuenta. Lo observé cuando escribí Encadenado e intenté reflejar en una obra cómo se destruye la autoestima de un individuo desde su nacimiento. Luego enfaticé mis pensamientos en La daga, y narré en una historia acerca de cuán decepcionado me siento con el trato hacia la mujer hoy en día.

A lo largo de este año, millones de ideas han surgido mi mente y he llegado a la conclusión de que, aunque me quede mucho que aprender, no debo parar de escribir.

Por mucho que critiquen, por mucho que me odien, aunque mi estilo no sea nada cercano a lo perfecto. Me da igual. El mensaje me ha quedado claro:

NO DEBO PARAR DE ESCRIBIR.

Pero, ¿escribir qué? Mis ideas traspasan diferentes géneros. Muchos con más experiencia en el campo me han recomendando usar seudónimos. Sin embargo, yo no me siento así. Lo encuentro una estupidez. Al menos para mis propósitos. Por eso seguiré firmando bajo mi nombre y apellido.

El mundo en el que vivimos hoy en día se muere. Así de claro. No es que haya sacado la misma frase que he usado para presentar a La daga cuando digo: <<Barcelona se muere…>>. Eso pertenece al contexto de ficción del libro. Lo que quiero decir es que vivimos en un mundo enfermo: vivimos en la envidia, destruimos a otros y a nosotros mismos, maltratamos a las mujeres y a los niños, organizamos guerras por el oro…

Entonces llegó el día en que me sentí perdido, cuando me quedaba poco para acabar mi segunda novela y vi la exitosa serie de televisión 13 Reasons Why (Por 13 razones) que para quien no lo sepa, trata de una chica de 17 años que se suicida tras recibir acoso escolar.

Vi una luz. Vi un nuevo camino que debía tomar. Si bien el tema del bullying está de moda, no puedo dormir pensando en todas las cosas que hacemos por dañar a los demás (me incluyo a mí mismo).

Mi camino no es escribir para vender ni para entretener. Ese no es mi destino. Quizás unos cuantos euros y reconocimiento son bienvenidos, pero acumularlos no hace feliz a nadie. Es una pura mentira.

Mi camino es abrir los ojos a la gente. Por eso me he propuesto escribir sobre temáticas oscuras e iluminadoras. Quiero hacer entender al lector cómo se destruye nuestro mundo por nuestras acciones ególatras.

En Encadenado, Víctor tiene una autoestima destruida por culpa de una sociedad zombificada que solo sigue la misma línea.

En La daga, Barcelona está hecha una puta mierda porque la población no lucha por un cambio a mejor.

En El diario de Saray, novela en la que trabajo, quería escribir una historia sobre una persona superficial, pero me he cargado los cuatros capítulos escritos para reenforcarlo desde otra perspectiva.

Y más historias, que yacen latentes dentro de mi cabeza, esperan para ser despertadas.

Iré creciendo, luchando por dominar el arte de la escritura. Dedicaré tiempo a crear hermosas, pero macabras melodías que hagan que quien me lea me ame al tiempo que me odie.

Porque este mundo necesita más que 13 razones para cambiar. Y este, va a ser si duda, mi cometido.

Espero que os gusten mis novelas y pensamientos.

Un abrazo,

Jorge Ruiz Fernández