Reseña de El callejón de Jack

Estimados lectores:

Las vacaciones se acaban y con ello me reincorporo mañana a mi puesto de trabajo habitual. Por suerte, durante estos días de vacaciones he podido leer varios libros y despejar mi mente.

En esta ocasión hablaré de El callejón de Jack, escrita por Joaquim Colomer Boixés, que nos cuenta una historia ambientada en el barrio de Whitechapel de Londres en la que un asesino luchará por volver a la muerte.

Datos técnicos:

El callejón de Jack

Título: El callejón de Jack

Autor: Joaquim Colomer Boixés

Género: fantasía oscura

Longitud: 216 páginas

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Sinopsis (extraída de Amazon):

“Whitechapel, un tranquilo barrio londinense, empieza a darse a conocer por los misteriosos y brutales asesinatos que se suceden en él. Múltiples testigos creen haber visto a un espíritu maligno que reside en un lúgubre callejón. Él, en realidad, busca regresar a la vida. Aunque sea a través de la muerte.
Se rumorea que un libro nigromántico tiene la culpa.

Una novela sobrenatural, llena de suspense que llevará de la mano al lector hasta sus más profundas pesadillas.”

Opinión personal:

La nigromancia es un arte oscuro que consiste en la comunicación con el mundo de los muertos para predecir el futuro, entre otras cosas.

En el cine o los videojuegos, la nigromancia consiste, además, en resucitar a los muertos, algo que en la realidad no formaba parte de su función principal. Los nigromantes buscan preservar el equilibrio entre la vida y la muerte.

En la novela, la nigromancia se utiliza como ritual para regresar a la vida.

La novela nos lleva al barrio londinense de Whitechapel, en la que un perturbado llamado Jack intenta por todos los medios que la nigromancia le permite volver a la vida.

Curioso es un libro en la que el antagonista es el centro de atención de toda la novela. Podría decirse que es el mismo protagonista, pues durante el transcurso de la historia conocemos en casi todo momento los pensamientos macabros y perturbados de Jack, así como sus planes para resucitar.

Es un libro que me ha gustado por su dinámica y su enfoque, como he dicho anteriormente, en el que se ha centrado el autor para que conozcamos la evolución del mismo antagonista.

También me ha gustado cómo detalla el autor la desesperación del asesino para lograr su objetivo. El libro avanza rápidamente y crea una sensación de ansiedad constante, provocada por los continuos tropiezos que el personaje se topa en su camino. Para mí, esto enriquece el avance de la historia.

Es una lectura recomendable para amantes del género de fantasía oscura, policíaca y con toques de terror.

 

 

 

 

 

 

 

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Terror

No sabría por dónde empezar. Los terrores que me acechaban mientras dormía… No quiero recordarlos. Pero ahí están, detrás de mí mientras escribo en mi ordenador esta macabra experiencia.

Los siento. Siguen ahí. Me susurran en la nuca. Esas voces que parecen proceder de ultratumba se ríen de mí al ritmo que tecleo con el ordenador. Suena como una melodía fantasmal. Entonces comienzo a recordar  sus carcajadas taladrándome el cerebro.

Me asfixio. Mucho. No puedo respirar y me estoy ahogando. Grito pero nadie me escucha. ¿Estoy solo? Mi mujer yace al lado, dormida plácidamente. ¿Por qué no me oye? Grito, grito y grito; sin ningún resultado.

Las sábanas están chorreando de mis sudores. Estoy deshidratado, a la vez que desorientado. Es mi habitación, pero parece diferente. ¿Dónde estoy?

Quiero bajar de la cama e ir al lavabo, pero algo me hace recular. Una neblina cubre el suelo. El parqué de mi casa ha desaparecido. Solo hay un abismo. Decido que lo mejor es volver a tumbarme e intentar dormir. Seguro que todo es una pesadilla.

De repente, una mano espectral me agarra de la pierna y me tira, lanzándome al interior de la neblina. Vuelvo a gritar, pero nadie me oye. Una calavera gigante se manifiesta delante de mí y se ríe estrepitosamente.

Caigo en un lugar que desconozco. Es otro mundo, otra dimensión. Estoy solo. Miro hacia arriba y veo mi cama. Veo a mi mujer y a mí dormir. Pienso, extrañado, qué ha pasado.

«Has muerto de un infarto», dice una voz tenebrosa.

Lo niego. Es imposible. Pongo la mano en mi pecho para comprobar que no estoy soñando. No siento nada. ¿Dónde están? ¿Cómo? ¿Por qué?

Mi corazón ha dejado de latir. Estoy muerto de verdad.

Delante de mí aparece una silueta oscura. Se parece a mí. Me comienza a insultar. Me llama inútil, fracasado y mentiroso. No entiendo por qué lo hace. Solo sé que siento que es verdad, pero mi boca dice lo contrario:

«¡No soy un inútil!», grito. Entonces la silueta comienza a reír y se mete en mi cabeza.

Me susurra. Oigo esas voces retumbar en mi cabeza como si un caballo galopara por dentro a un ritmo frenético. Me tiro de los pelos. No puedo soportar el dolor que se produce en mi mente.

A continuación, las voces se convierten en un chirrido y me tapo los oídos. Es inútil porque el ruido está dentro, no fuera. Al retirarlas compruebo un reguero de sangre en mis oídos.

En mi mente se reproducen escenas constantemente. Son personas que me ignoran. Quiero hablarles pero huyen de mí. Les muestro mis libros. No quieren dedicar ni un solo segundo a leer ni siquiera la sinopsis de mis obras. Se ríen de mí y se van.

«¿Eres tú ese que va de escritor y no sabe poner ni un acento?», me dicen.

Suena mi móvil. He recibido una notificación. Un mensaje en Facebook me avisa de que alguien ha leído mi móvil. Es una persona experta. Al menos, eso creo, y me envía un comentario de mi libro.

«Es una mierda. Dedícate a otra cosa. Ahora pondré en mi blog una reseña recomendando no leer tu obra. Está llena de errores y la historia es mala.»

A continuación, millones de comentarios aparecen en las redes sociales y todos los medios criticándome como escritor. No puedo respirar. Me está dando un ataque de ansiedad. O un infarto, qué sé yo. Sólo sé que me mareo y me siento hundido.

Debo huir, ahora que puedo, dejar la pluma y quedarme en casa viendo la tele todo el día como la gente normal.

De un sobresalto aparezco en mi cama de nuevo. ¿Qué ha pasado? Miro la hora. Son las 5:30 de la mañana. Solo he dormido 3 horas. Miro por la ventana y el cielo es un poco más claro. Ya no es la oscura noche. Un hermoso y nuevo día.

Miro a mi alrededor. No hay más demonios, no más fantasmas. Estoy en mi cama junto a mi esposa, que duerme como si nada ocurriera.

Cojo el móvil y miro las redes sociales. Todavía ni un comentario, ni una reseña de mi libro nuevo. Entonces reparo en que estoy obsesionado con las críticas, con lo que puedan opinar de mí y lo mucho que me pueden hundir.

La razón hace un esfuerzo en decirme que todavía es el principio de mi camino, que no me preocupe, que los frutos tarde o temprano llegarán.

Pero mi corazón, que late con normalidad, me dice lo contrario. Me dice que debo dejarlo, que voy a fracasar. Son como las voces que he oído en mi sueño, solo que ahora lo escucho dentro de la voz de mi consciencia.

¿Qué hago? No lo sé. Solo sé que he aprendido una cosa de mí. Si quiero continuar, debo superar estos episodios de ansiedad. ¿Le pasará a otros escritores? ¿A todo aquel que se embarca en una aventura? Son muchas las preguntas en relación a los demás, pero mis miedos son solo míos y solo me afectan a mí.

Algo tengo que hacer. Debo decidir si quedarme en la cama envuelto en unas sábanas mojadas por sudor causado por el terror…

…O hacer algo al respecto y seguir luchando.

 

 

 

Reseña de Ella lo sabe de Lorena Franco

Estimados lectores:

Hace mil años —o más— que no escribo una reseña en mi blog.  Después de acabar mi segundo libro me he puesto las pilas con las lecturas pendientes. Debo confesar, además, que no suelo reseñar todo lo que leo, pues no todas las lecturas son de mi agrado y encuentro contraproducente manifestar la opinión de un libro que no alcanza mi alma. No lo encuentro justo, pues creo que lo que no me gusta a mí puede gustarle a alguien. Además, escribir es un trabajo muy duro —llevo solo dos libros y es agotador, aunque excitante—, y lo que no me guste a mí no tiene por qué gustarle a todo el mundo.

Hoy no obstante, voy a hablar del libro Ella lo sabe de Lorena Franco, semifinalista del premio literario de Amazon del año 2016 con su obra: La viajera del tiempo.

Debo ser honesto. Me gusta pillar en flagrante a los escritores que disfruten de un alto grado de notoriedad. Soy una persona muy crítica, sobre todo con mis escritos, y pocos fallos permito. Tan obsesivo soy, que cuando yo me equivoco me llego a obsesionar día y noche. Así entiendo yo cómo debe ser el aprendizaje. También lo hago con otros escritores. Es lo que hay.

Pues bien, tomé este libro con el reto de dejarme sorprender y criticarlo, además de responderme a la pregunta: «¿qué atrapa tanto a los lectores de Lorena?» La curiosidad llamó a mi puerta y acabé adquiriendo este libro, en formato físico, un día que paseaba por la ciudad donde se desarrolla parte de la trama de este libro: Barcelona.

Datos del libro (tomados de Amazon):

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Título: Ella lo sabe

Autora: Lorena Franco

Género: noir/policíaca

Editorial: Plan B

Longitud: 536 páginas

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Sinopsis (tomada de Amazon): 

 «Vi irse a María con Víctor el jueves a las dos y media de la madrugada. Él volvió y ella, desde entonces, está desaparecida.» La rutina de Andrea, una escritora de thrillers traumatizada por un horrible suceso del pasado y un matrimonio que está a punto de romperse, se ve interrumpida por la inesperada llegada de su cuñado. Mario es un tipo silencioso y extraño del que no sabe nada. Su manía de fisgonear a través de la ventana de la cocina la vida de sus vecinos, la llevará a descubrir que una madrugada estival cualquiera, en la calle de la urbanización en la que vive y donde nunca pasa nada, su vecina María se sube en el coche de su cuñado. Él vuelve pero María no.

Opinión:

Me llevé un chasco y me tengo que callar la boca, pues no lo puedo criticar. Al contrario. He quedado maravillado.

Este libro me ha encantado y enganchado desde por varios motivos:

Los personajes están bien definidos y construidos desde mi punto de vista. Partiendo de la premisa de Nicolás Maquiavelo: «Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.»; la historia se desenvuelve en un entorno, aparentemente tranquilo donde nunca pasa nada.

Me he sentido muy identificado con esa frase; y por tanto, por la historia, la cual me ha marcado a nivel personal. Siempre que me han acusado de ser un rarito, o un freaky, me he defendido con la frase: «Si pudiésemos leer la mente de otras personas, nos sorprenderíamos de los secretos que llegan a esconder. Valientes somos los que nos mostramos al mundo tal y como somos.». Esta última frase es mía y la repito con frecuencia.

La autora juega constantemente con la mente del autor, confundiéndole, dándole falsas pistas y esperanzas de lo que va a suceder. Si bien uno especula acerca de lo que puede ocurrir, en la mayoría de casos uno se siente frustrado, pues cada acontecimiento se desarrolla de una forma inesperada.

El argumento es extremadamente lógico, eso sí, pero es casi imposible adivinar qué ocurrirá a medida que avanza la historia, narrada desde el punto de vista de diferentes personajes.

En conclusión, mi más sincera enhorabuena a la autora. Esperaba que este libro fuese del montón y no ha sido así.

Este libro te gustará si…

  • Te gusta el suspense y la intriga.
  • Las novelas policíacas.

Espero que os haya gustado esta reseña.

Jorge Ruiz

 

 

Cuánto sufre una mujer

Estimados lectores:

A medida que avanzan los días, la esperanza de que algún día esta sociedad evolucione se desvanece poco a poco en el aire.

Antes de leer el diario, debo realizar varias respiraciones para relajarme y afrontar las noticias que voy a leer. Entonces navego por el portal online del diario hasta que me topo con aquello que más temía: otra prueba más de que vivimos en la prehistoria.

Una de las noticias del 8 de agosto publicadas en varios diarios, como el AS, me cuenta en su titular: «Los bañadores de las socorristas de Gijón y el machismo de las redes sociales.». Empiezo a leer y no sé si reír o llorar. Según la noticia, las socorristas son criticadas con severidad con comentarios machistas, hasta llegar al punto en el que se les recomienda vestir pantalón —y no ir con el bañador a plena vista—.

Dejo de leer la noticia tras quedarme de piedra y decido apenarme por la escasez de cerebro de la que sufren algunos.

Pasan dos días. Vuelvo a tomar un diario diferente, esperando encontrarme alguna noticia del tipo: «Se ha encontrado una cura para el cáncer.». Luego recuerdo que no vivimos en el siglo XXI, sino en la Edad Media, en cuanto otra noticia aparece por delante de mis narices en diarios como El País, cuyo titular dice: «Amonestada por dar el pecho a su bebé dentro de una piscina pública». La explicación que le dieron los responsables de la piscina, al parecer fueron que estaba prohibido comer y beber, y que era antihigiénico —o sea, que es preferible que un bebé muera a que una gotita de leche materna provoque la devastación en todo el recinto—.

Releo la noticia y me pregunto si se trata de una nueva novela de ciencia ficción ambientada en la época de la Inquisición, porque si no, yo no me lo explico. ¿Tan difícil es ser mujer? Como hombre muchas veces me he hecho esa pregunta. Sin embargo, lo obvio está ahí, delante de nuestras narices y las cosas siguen sin cambiar. Ser mujer es difícil. Lo es, y mucho.

Sin mencionar las ya evidentes funciones biológicas que tienen en la naturaleza, deben aguantar encima todo tipo de comentarios todos los días:

  • Que si por dar de amamantar a su hijo está provocando, siendo antihigiénica, que si bla, bla, bla.
  • Que si por ir con bañador trabajando de socorrista está provocando.
  • Que si ir con minifalda es provocar.
  • Que si por tener unos kilitos de más, está gorda y fea…
  • Todos los que hayáis escuchado y resulten ofensivos para el sexo femenino.

Estas noticias son una prueba más de que esta sociedad está enferma en muchos aspectos, y este es uno de los más preocupantes. ¿Por qué no dejamos que las mujeres sean libres, hablen y vistan como les salga de ahí? A nosotros, los hombres, nos permiten beber cerveza, acostarnos con las que nos dé la gana, ir con la camisa abierta, e incluso pasarnos días enteros en casa sin mover un dedo y nadie lo critica. ¿Cuándo acabará esta situación tan aberrante?

Estimados lectores: aun queda mucho camino por hacer para que haya una igualdad de derechos entre ambos sexos. Esto es responsabilidad de ambos: tanto de hombres como mujeres. Y para quien no lo entienda, darle pecho a un bebé no es provocar, sino un acto de la naturaleza. Quien lo dude, que se pregunte cómo sobrevivió durante los primeros meses de su vida. ¿Del aire? Pues no. De un pecho materno con una leche elaborada desde el amor verdadero.

Dejemos de tratarlas como objetos, por favor.

Saludos

Por trece razones… o por muchas más

Estimados lectores:

Por fin he acabado de escribir y publicar en Amazon mi segundo libro: La daga. Debo admitir que me siento plenamente orgulloso de haber podido finalizar este trabajo.

Desde la publicación de Encadenado, no ha sido para nada un año fácil para mí. He sufrido pérdidas familiares, accidentes y cambios de turno en mi trabajo. Además debo añadir que he tenido que dedicar tiempo a la carrera, así como visitar el gimnasio para mantenerme en el estado más saludable posible.

Pero por fin, he podido terminar una obra que me ha provocado más de un quebradero de cabeza.

No sé si habré escrito el relato perfecto. Lo dudo. No porque no me vea capaz de hacerlo, sino al contrario. A medida que pasa el tiempo, a medida que aprendo, me doy cada vez más cuenta de lo ignorante que soy, de que debo no solo trabajar más aspectos como la narrativa o aquello que llaman estilo.

Debo aprender, y mucho.

Pero hay algo de lo que me he dado cuenta. Lo observé cuando escribí Encadenado e intenté reflejar en una obra cómo se destruye la autoestima de un individuo desde su nacimiento. Luego enfaticé mis pensamientos en La daga, y narré en una historia acerca de cuán decepcionado me siento con el trato hacia la mujer hoy en día.

A lo largo de este año, millones de ideas han surgido mi mente y he llegado a la conclusión de que, aunque me quede mucho que aprender, no debo parar de escribir.

Por mucho que critiquen, por mucho que me odien, aunque mi estilo no sea nada cercano a lo perfecto. Me da igual. El mensaje me ha quedado claro:

NO DEBO PARAR DE ESCRIBIR.

Pero, ¿escribir qué? Mis ideas traspasan diferentes géneros. Muchos con más experiencia en el campo me han recomendando usar seudónimos. Sin embargo, yo no me siento así. Lo encuentro una estupidez. Al menos para mis propósitos. Por eso seguiré firmando bajo mi nombre y apellido.

El mundo en el que vivimos hoy en día se muere. Así de claro. No es que haya sacado la misma frase que he usado para presentar a La daga cuando digo: <<Barcelona se muere…>>. Eso pertenece al contexto de ficción del libro. Lo que quiero decir es que vivimos en un mundo enfermo: vivimos en la envidia, destruimos a otros y a nosotros mismos, maltratamos a las mujeres y a los niños, organizamos guerras por el oro…

Entonces llegó el día en que me sentí perdido, cuando me quedaba poco para acabar mi segunda novela y vi la exitosa serie de televisión 13 Reasons Why (Por 13 razones) que para quien no lo sepa, trata de una chica de 17 años que se suicida tras recibir acoso escolar.

Vi una luz. Vi un nuevo camino que debía tomar. Si bien el tema del bullying está de moda, no puedo dormir pensando en todas las cosas que hacemos por dañar a los demás (me incluyo a mí mismo).

Mi camino no es escribir para vender ni para entretener. Ese no es mi destino. Quizás unos cuantos euros y reconocimiento son bienvenidos, pero acumularlos no hace feliz a nadie. Es una pura mentira.

Mi camino es abrir los ojos a la gente. Por eso me he propuesto escribir sobre temáticas oscuras e iluminadoras. Quiero hacer entender al lector cómo se destruye nuestro mundo por nuestras acciones ególatras.

En Encadenado, Víctor tiene una autoestima destruida por culpa de una sociedad zombificada que solo sigue la misma línea.

En La daga, Barcelona está hecha una puta mierda porque la población no lucha por un cambio a mejor.

En El diario de Saray, novela en la que trabajo, quería escribir una historia sobre una persona superficial, pero me he cargado los cuatros capítulos escritos para reenforcarlo desde otra perspectiva.

Y más historias, que yacen latentes dentro de mi cabeza, esperan para ser despertadas.

Iré creciendo, luchando por dominar el arte de la escritura. Dedicaré tiempo a crear hermosas, pero macabras melodías que hagan que quien me lea me ame al tiempo que me odie.

Porque este mundo necesita más que 13 razones para cambiar. Y este, va a ser si duda, mi cometido.

Espero que os gusten mis novelas y pensamientos.

Un abrazo,

Jorge Ruiz Fernández

 

 

 

 

A cada cerdo le llega su San Martín…

Estimados lectores,

Hace tiempo que no publico nada por aquí. Ninguna reseña, ningún capítulo de El diario de Saray, ni nada de interés para los amantes de la literatura.

Pero hoy vengo con una noticia. Solo fijaros en este boceto de portada.

La Daga.png

 

Exacto. Este es uno de los borradores de portada que tengo para mi siguiente libro: La daga, que verá la luz durante la primera semana de agosto.

Este es uno de los proyectos que más me ha costado realizar. Siendo mi segundo libro, aún no gozo de la experiencia de los escritores que más recorrido tienen. A ello hay que sumarle un año complicado en el que organizarse ha sido tarea casi imposible.

Pero como menciono en un capítulo de Encadenado, la vida está llena de cuestas. Si uno se esfuerza lo suficiente, al subirla se goza de vistas espléndidas. A la vez, todo lo demás será más fácil.

Y eso he hecho. No rendirme. ¿Cómo serán los resultados? El tiempo lo dirá. Lo importante es que por fin, y de una maldita vez, estoy viendo la luz del túnel con este proyecto.

¿Qué es  La daga?

La daga es una novela policíaca que pertenece al mismo universo de Encadenado y El diario de Saray. Lee la sinopsis provisional para saber de qué irá:

 

“A cada cerdo le llega su San Martín…

Barcelona se muere.

Patricia es una periodista que se dedica a cazar y denunciar en su blog a empresarios corruptos, con el fin de luchar por un sistema justo.

Pese a sus esfuerzos, una poderosa organización criminal toma con velocidad el control de la ciudad.

La policía dispone de los recursos. Patricia de las habilidades. Entre ambos, heridas abiertas que los confrontan. ¿Serán capaces de resolver sus disputas para  luchar contra el mal que se avecina?”

¿Te invitaría a leer? Si no es así, dímelo. ¡No pasa nada! Como escritor novel, necesito de vuestras opiniones para mejorar. Siempre y cuando sean constructivas, podéis decirme cómo mejorar tanto sinopsis como portada. Además, este es el segundo libro…

¡Os iré informando a medida que avancé en las correcciones y diseño de la portada!

Un abrazo.

 

 

 

Capítulo 1 – Arrival Day

“28 de septiembre de 2007
Estimado diario,
Alguien me advirtió de que con cada decisión que tomamos en la vida, desencadenamos una serie de hechos que afectarían no solo nuestras vidas, si no la de los demás. Algo que parece tan insignificante, como el aleteo de una mariposa, puede provocar grandes cambios. ¿Buenos o malos? No lo podemos saber. Solo vivir y decidir lo mejor que podemos y viajar.

“Un viaje de mil millas empieza con un primer paso”‘ dijo Lao-Tsé. Yo he acabado de dar el primero.

Hoy he llegado por fin a Cambridge. Hoy ha finalizado mi viaje. Anoche me despedí de mi amada León. Recuerdo la mirada triste de mis padres al subir en el bus que me dejaría en el aeropuerto de Barajas la mañana siguiente. No los iba a ver en mucho tiempo. Pasé el camino escuchando música, recordando veranos de mi infancia bañándome en el río Carrión, cerca de Palencia. No era la primera vez que me separaba de mis padres. Al inicio de cada semestre marchaba de casa hacia Madrid. Allí comencé mis estudios en Filología Inglesa en la Universidad Complutense, pero allí no los acabaré. Después de tres años de carrera sumergida entre libros de Shakespeare, decidí embarcarme en este viaje. 

Todo ocurrió un día en que un turista norteamericano me preguntó por la Puerta del Sol. Apenas pude entenderme con él. Descubrí que pese a mi culto vocabulario en la lengua mundial tenía serias dificultades de pronunciación, sin hablar del extraño acento yankee. Ese mismo día decidí aplicar al programa Erasmus. Semanas después recibí una carta de aceptación por parte de la University of Cambridge. Por fin tendría una oportunidad de mejorar mi inglés.

¿A quién quería engañar? Me aburría en la capital. Necesitaba un cambio después de tantos años de estudio. Necesitaba salir, vivir, disfrutar de la vida. Muchas eran las historias que corrían en los pasillos sobre los estudiantes de intercambio. Juerga, fiesta y diversión. Y esta, en mi primera noche aquí, marcaría el fin de mis días encerrada hincando los codos.

Llegué a la ciudad a mediodía. De inmediato fui al piso donde alquilé una habitación desde León. Internet nos facilitaba cada vez más la vida y me aseguré un lugar donde pasar las primeras noches. 

En cuanto llegué era justo lo que me esperaba. Un apartamento viejo pero asequible. Mi habitación era minúscula. Una cama pequeña, un estante y un estrecho armario. Tendría que repartir la ropa entre el mueble y la maleta. Ni escritorio ni mesita de noche. En fin. Al menos no dormiría en la calle,

Compartía piso con una chica de Irlanda del Norte. Rachel se llama. Su acento de Belfast aún más difícil de entender que el norteamericano. Además, es un poco rarita. Habla muy poco y apenas hemos entablado conversación más allá de repartirnos las tareas de limpieza. Sin contar que tiene un serio problema de sobrepeso. Empecé a dudar si mi decisión valdría la pena. Veía imposible con Rachel de entablar una amistad.

Por otro lado, iba a experimentar algo que de haberme quedado en mi tierra jamás haría. Tenía ganas de ir a una fiesta, beber, bailar y sobre todo conocer chicos. De una forma u otra le daría alegría al cuerpo. 

Pensaba en el primer paso de este viaje de mil millas. ¿Cómo sería mi vida de ahora en adelante? ¿Qué personas conocería? ¿Cuántas vidas cambiaría? Demasiadas preguntas. Me conformaré con disfrutar de este camino en los años venideros.

Pero ahora necesito descansar. Estoy agotada de todo el día. Antes de dormir miraré el mapa de la ciudad y me familiarizaré con mi nuevo entorno. Quizás salga a correr por algún parque cercano. No lo sé aún. Tengo un año por delante y tengo tiempo. Mañana Dios dirá.”

La envidia

Estimados lectores,

Hoy por fin me veo preparado para escribir esto. Desde que inicié este viaje en la escritura me he encontrado con muchos desafíos. Voy a hablar del que más me preocupa: la envidia.

Aunque no suelo ser muy activo en las redes sociales soy bastante observador. En Twitter y en Facebook interactuamos con muchas personas con intereses afines, pero también con otras que se dedican a algo parecido a lo que hacemos. Este es el caso de la escritura, por ejemplo. 

En ellas, es frecuente que un autor o autora haga publicidad de sus obras. Sin embargo, también es posible que tras recibir una buena reseña, o aumentar mucho las ventas, el mismo autor desee compartir su logro con la comunidad. Al fin y al cabo, todos los seres humanos queremos sentirnos importantes, ¿no? Aquí es donde llega el problema.

Sin entrar en debate de discusión sobre cuál sería la finalidad de dar a conocer un logro, lo que realmente me preocupa, y creo, debería preocupar, son los ataques que recibe esa persona. Por ejemplo, he visto acusar a escritores de llevar a cabo “prostitución literaria” para comprar lectores, de ofrecer una opinión más destructiva que una bomba nuclear, e incluso dejar reseñas sin sentido en las páginas de Amazon para derrocar al autor.

A veces decido alejarme un poco de este mundo para no enfermar de tanta lacra. Entonces es cuando me siento frente al ordenador en el trabajo y llevo a cabo mis tareas. Un compañero aparece compartiendo un logro con el resto. Otro ofrece una elaborada idea para reducir el volumen de trabajo innecesario. ¿Qué recibe a cambio? Un sinfín de ataques por parte del resto y pocas felicitaciones. 

Voy al gimnasio para generar endorfinas y provocar una sensación de bienestar en mi cuerpo y mente. Paso por al lado de un grupo de chicas. Las oigo criticar  a la que tiene un buen cuerpo dentro de los estándares sociales. Voy a la sala de pesos libres. Los hombres se miran de reojo. Observo y me doy cuenta de que compiten por ver quién se pone más peso. Si uno no puede superar a otro te dirá que tiene problemas de espalda, o que el fuerte es un amargado que no tiene vida social y pasa la vida allí.

Entro en la clase de Body Combat. Mi preferida. Reconozco que tengo mucho nivel. Grito muy fuerte y soy muy potente en mis golpes. Ese día entra una persona, da igual chico o chica, que lo hace mejor que yo. Me pico. Parece incansable. Intento superarla, sin éxito. Llega el famoso Track 5 que está de moda en ese programa de fitness y no aguanto ni la mitad de flexiones. La miro y me siento frustrado. Ya no soy el mejor. Dentro de mi cabeza miles de pensamientos me destruyen por dentro. Pienso que es arrogante, prepotente, imbécil y gilipollas. Cuando acaba la clase, se acerca a mí y me dice: “¡Buena clase tío!”, me choca los cinco y reconoce que le gusta cómo lo hago. En vez de hacerme amigo suyo le doy largas con una sonrisa falsa y pienso: “Ha venido a reírse de mí”.

Cuando me voy a dormir me doy cuenta de que yo también soy víctima de la envidia.

¿Cómo curarnos?

Después de tanto recapacitar decido que debo cambiar. Reconozco que muchas veces, cuando veo que alguien vende más libros que yo o tiene mejor forma física, o lo que sea, mi mente genera pensamientos tóxicos que me empujan a atacar a esa persona. Un grave error. ¿Qué culpa tiene? Ninguna.

Me di cuenta de que debo trabajar algo: mi autoestima. Un día leí un libro de Dale Carnegie, no recuerdo cuál. Este decía que  cuando alguien nos envidia, en realidad nos está admirando, pues existe reconocimiento previo de algo bueno en nosotros por parte de alguien.

Entonces deduje, si hay una falta de autoestima, no sentiremos admiración sino envidia. La razón es simple: nos frustra no tener eso que otro tiene y eso, pues nos da rabia. Lo malo es que sufre más el envidioso que la persona a la que se ataca.

Por suerte hay una solución y es trabajar la autoestima. Para ello, debemos primero darnos cuenta de las cosas buenas que tenemos. Por ejemplo, a lo mejor no vendemos muchos libros, pero somos buenos haciendo deporte, o cocinando. Todos tenemos buenas cualidades que muchas veces ignoramos. Quizás sea porque así nos hayan educado de pequeños, pero deberíamos dejar de desear lo que otros poseen y valorar lo que ya tenemos. Hay que recordar que somos únicos. No hay nadie más como nosotros. No existe combinación de genes en el mundo que coincida con la nuestra. Solo por esta razón  deberíamos apreciar el gran tesoro que somos y compartirlo con los demás, mientras dejamos que ellos también compartan con nosotros lo que tienen. Al fin y al cabo, si lo hacen, es porque comparten su riqueza con nosotros, ¿no?

Espero que os haya gustado.


Historia de un analbeto

Hesta hez la trizte istoria de un anarfabeto que no savia leer i escrivir. Zu zueño era ser hescritor. Bibía en un mundo de cultos. El hera el húnico que no savia leer. Povre. 

Hun dia aprendio el avesedario. Y hempezo poco ha poco a hentender los testos de los livros.

Despues de leer argunos livros, se hinspiro en una nobela. La hescribio en dos haños. Kuando ha cabo la enseño a argunos y se rieron de el.

– ¡Eres muy tonto! – le decían.

Pero er pobre anarfabeto se puso trizte. Un dia, un maestro leio, con sangre en los hojos del testo yeno de herratas y le dijo:

-¡Eres un genio en la narrativa! ¡Dentro de ti hay un gran escritor!

-Ezo no e berdad – contestó el analfabeto. 

-No te voy a negar que debes mejorar mucho tu escritura. Sin embargo, desarrollas bien la trama. Déjame ayudarte.

-Nadie a podío señó. Soi un vurro desgraciado. 

-Si en seis meses no notas mejoría te daré la razón y podrás marchar.

-De hacuerdo trato esho. 

Hamvos ce fueron juntos. Er maestro le henseñó con zuma paciencia a escrivir correctamente.

Poco a poco, el analfabeto, fue tomando consciencia de cómo mejorar. Ha veces cometía herrores, pero el maestro le señalaba con dulzura dónde estaban. 

Después de mucho tiempo con práctica y entrenamiento, a través de su maestro, el analfabeto corrigió su novela. Bajo seudónimo participó en un concurso de literatura. Ganó el primer premio.

En cuanto la gente culta lo vio, quisieron quitarle el premio. Pensaron que hizo trampa. 

Entonces, el maestro les preguntó:

-¿Fueron a la escuela?

-¡Sí! ¡Al colegio privado! Mis padres, trabajando duramente pudieron darme estudios para no volverme como ese zoquete.

-¿Y si no hubieras podido ir al colegio que habrías hecho?

-No saber y escribir.

-¿Y hubieras escrito una obra?

-Si tuviese estudios sí.

-Y ahora que los tienes, ¿por qué no lo intentas?

El silencio se hizo en la sala. El analfabeto comprendió que tenía algo que los demás no tenían: valor para perseguir sus sueños. Él luchó por convertirse en escritor desde cero, sin recursos, como el resto. Las ventajas con las que nace cada uno no determinan el éxito. Solo ayudan. Finalmente, lo que contaba era la actitud contra las dificultades tanto externas como internas.

Sin darse cuenta, escribía correctamente. A veces se le escapava algún error. Como por ejemplo confundir la “v” con la “b”. Pero le señalaron dulcemente cómo mejorar y siguió aprendiendo.

No alcanzó su felicididad porque ya vivía en ella. Escribiendo a la vez que aprendía.

Una nueva luz

Hace un año y poco que empecé a escribir Encadenado. Entonces, inicié un camino muy difícil de seguir, no por el trabajo duro que supone escribir y promover una obra, sino por lo que te encuentras en el camino: la gente te quiere destruir. Yo la suelo llamar lacra, aunque suene muy despectivo.

Si bien me he encontrado gente que se ha tomado la molestia de leer mi novela, debo decir que me he encontrado comentarios tanto positivos como negativos. Los primeros llenan el alma. Los segundos, en cambio, dependiendo de su naturaleza pueden ser regalos o veneno.

Hay gente que ha leído mi libro y no se ha enganchado.  Me han encontrado errores, me han dado indicaciones de lo que gusta y lo que no. Es algo totalmente respetable. Además, aunque no me siente del todo  bien, considero estas observaciones a medio plazo como un regalo. A veces, aunque no nos guste, necesitamos de las opiniones de los demás para convertirnos en mejores escritores.

Sin embargo, me entristece ver constantemente a gente que se dedique machacar al resto. Cuando me tocó a mí me hundí en la miseria. Sin embargo, después de recomponerme, me di cuenta de que este era un cáncer más común de lo que yo esperaba.

A veces observo cómo les va a mis otros escritores. Entro en blogs, leo reseñas de Amazon, entro en foros de Internet… Sólo veo destrucción en forma de palabras. Entonces me doy cuenta de que nadie está a salvo de la lacra, de esas personas que solo buscan hacer daño.

Sin entrar a debatir cuál es la verdadera naturaleza de tales palabras envenenadas (envidia, arrogancia, etc.), creo que sobra cualquier mensaje que busque destruir a un escritor.

Lo que es más triste, es que esto se ve en cualquier ámbito de la vida. No es la primera vez que veo un jefe machacar a un trabajador, intentándole convencer de que es un inútil, convenciéndole de que ha cometido errores que no son suyos; o profesores machacar a un alumno que podría sobresalir en cualquier ámbito.

Como decía antes, no me parece mal decir dónde se debe mejorar. Para gustos los colores. Ahí no me voy a meter ni voy a decir nada. Eso sí, creo que este mundo necesita un toque. No me parece correcto este tipo de comportamiento. No es la primera vez que veo un escritor dejar de escribir en un género, o lo que es peor, dejar de escribir por culpa de comentarios malolientes.

En este sentido, a partir de ahora, al que vea machacar a alguien, haciendo un uso indebido de su libertad de expresión (ésta impone como límites no vulnerar el honor y la dignidad, al menos en la Ley Española), se va a llevar un ¡zasca! por mi parte.

Se acabó el humillar a futuras estrellas.

No me pienso callar a partir de ahora.