Escritura dramática

Estimados lectores:

Cuando uno decide embarcarse en un proyecto como el de escribir, se debe ser consciente que para poder avanzar, no solamente hace falta agarrar el ordenador, corregir, maquetar y vender, sino algo más: formarse.

A través de la formación, aprendemos o mejoramos nuestras aptitudes. Eso nos hace más capaces, así como eficientes. Digamos que es la única manera en la que podemos, poco a poco, alcanzar la maestría en unos años. Otros factores como las críticas constructivas y la práctica constante son también necesarias. Pero vamos a lo que iba.

En este viaje de la escritura, en el cual llevo unos escasos dos años, he tenido la oportunidad de poder participar en un taller de escritura dramática que la biblioteca Josep Soler Vidal de Gavà ha organizado. Me gustaría transmitir mi experiencia, pues creo que ha sido del todo beneficiosa. Estoy convencido de que los conocimientos adquiridos me van a permitir mejorar en términos cualitativos mis escritos.

A modo de resumen, la escritura dramática está enfocada al teatro. Sí, teatro. ¿Qué tiene que ver esto con la narrativa? Poco, pero a la vez mucho. Si bien son dos formas distintas de contar una historia, los conocimientos obtenidos en una disciplina pueden enriquecer a la otra.

Para comenzar os explicaré un poco por encima qué temas nos ha mostrado la escritora de teatro Olga Besolí. Si bien han sido cuatro días de curso, lo aprendido tiene un valor incalculable. Durante este tiempo hemos aprendido la estructura de la trama, la escenografía, cómo diseñar los personajes y cómo deben ser los diálogos. Además, quiero dejar clara una cosa: me ha encantado. No solamente por los contenidos, que han sido muchos, sino por los asistentes.

Éramos un grupo pequeño y las clases se impartían en un escenario de teatro en l’Espai Maragall, también en Gavà (mejor ambientación imposible). Para una persona introvertida como yo, el lugar era perfecto para concentrar todas mis energías en las diapositivas. Olga nos pasaba sus apuntes y durante las sesiones, nos iba proponiendo ejercicios para asimilar los conocimientos adquiridos. Si bien entre los asistentes nos encontrábamos escritores, actores y gente de otros ámbitos, la cosa parecía fácil, pero no fue así. Lo bueno, desde mi punto de vista, era que cada uno de nosotros aportaba su perspectiva desde su experiencia, ya que en teatro, las obras se desarrollan a tiempo real y hay que tener en cuenta elementos de escenografía, el número de actores (y su coordinación en la obra) y la logística de la obra (dar tiempo a los actores a cambiarse de ropa entre diferentes escenas, por ejemplo), así como otras variables en juego como su viabilidad económica.

En narrativa contamos con la ventaja de que podemos imaginarnos mundos imposibles y escenas rocambolescas que se materializan en la mente del lector. No hay límites. Todo es posible. Lo mismo pasa con el cine (y hasta este tiene sus limitaciones).

Estos detalles provocan que la estrategia llevada a cabo en teatro tome otro enfoque, como las relaciones humanas, pues interpretarlas y llevarlas a cabo en teatro es mucho más plausible que hacer volar a una persona con efectos especiales. Si habéis estado alguna vez en Broadway y visto algunas de sus obras veréis que son espectaculares, pero hasta allí, que usan efectos especiales de todo tipo, tienen sus limitaciones. Solo puedo hablar de mi experiencia con El fantasma de la ópera, pero tras el curso de escritura dramática he podido comprender con más detalle algunos de los recursos utilizados en tal compleja obra, los cuales, ni siquiera en Broadway hubieran podido llevar a cabo con más facilidad. (Hablo de Broadway porque ya se sabe que a los norteamericanos les gusta mucho hacerlo todo “a lo grande”).

En fin, no sé qué más decir. Tenía ganas de acabar con ansias este post para poder escribir una obra de microteatro y practicar, practicar y practicar. Solo puedo añadir que la escritura dramática es un mundo fantástico, con una magia propia. Ojalá nunca se pierda este arte.

Espero que os haya gustado.

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La Daga, Encadenado y el porqué de mis novelas

Estimados lectores:

Hace tiempo que no hablo de mis libros. Quizás este es el momento, ahora que llevo dos obras escritas y son apenas conocidas en el mercado. Hoy os hablaré de mi segunda novela: La Daga; y luego, de Encadenado.

La novela narra la historia de una periodista llamada Patricia de la Sierra, cuya misión en la vida es perseguir a todo aquel que se aprovecha del sistema para obtener un beneficio propio. El contexto de la historia se desarrolla en Barcelona, empobrecida tras largos períodos de crisis económica. Esto provoca que los índices de criminalidad se disparen, amenazando con la seguridad de la ciudad. Para saber más detalles, podéis consultar su ficha aquí.

En primer lugar, parece la típica novela policíaca en la que se busca un criminal, se le caza y ya está. Sí y no.  Lo que hace diferente a mi novela respecto a otras, es su alto contenido en crítica social.

Me inspiré en esta historia hace unos diez años. Entonces, me encontraba en mi residencia de estudiantes en el frío y oscuro invierno sueco, durante mi estancia Erasmus. Allí me relacionaba con muchos estudiantes de otros países. Cada uno tenía unas costumbres diferentes. Sin embargo, hubo algo común en todos ellos: su humanidad. Me explico.

Independiente de dónde vengamos, de nuestra religión, sexo, etcétera, nuestro corazón humano nos hace únicos en muchos rasgos de nuestro comportamiento. Rasgos étnicos o culturales son algo muy superficial y apenas impactan en nuestra personalidad más profunda.

Es innegable que los humanos poseamos cosas buenas, pero más innegable aún que poseamos muchas más cosas malas. Un ejemplo es el odio a lo diferente, nuestras ansias de poder y de destrucción. Solemos elegir el mal por encima del bien.

Muchas veces, estos comportamientos no tienen como origen una raíz maligna. De hecho, son a menudo mecanismos de defensa. Por ejemplo, una persona conflictiva en el trabajo, que pisotee a los demás, puede que se comporte así por tener que mantener a su hijo y tenga miedo de perder el trabajo. Hay muchos casos diferentes y casi todos pueden ser fundamentados.

Sin embargo, eso no significa que debamos hacer daño a los demás para satisfacer nuestras necesidades. Al contrario, deberíamos aprender a gestionar nuestras emociones para mantener un clima lo más favorable posible.

Siguiendo esta línea de pensamiento, llegué a la conclusión de que el ser humano suele elegir el mal por encima del bien por razones que no son, para nada, de origen maléfico. Aun así, sigo creyendo de que en nuestras manos existe el poder de decidir sobre nuestro destino, al menos en parte.

Por esta razón escribí La Daga, para narrar una historia que hiciera comprender que como personas, por muy insignificantes que podamos resultar en comparación al global de la población, tenemos un inmenso poder para cambiar las cosas. Muchas veces, no somos capaces de comprenderlo. Con mis libros publicados (y con los que pienso publicar), quiero lanzar ese mensaje, porque al fin y al cabo, soy una persona que tiene la convicción de que la humanidad aún puede cambiar a mejor, de que somos capaces de controlar aquello que nos hace daño y cambiar personalmente.

En Encadenado, mi primera novela y que estoy revisando en los momentos en los que escribo este artículo, narra la historia de un hombre que vive, como dice el título, encadenado a las exigencias sociales. Durante su aventura, tendrá como objetivo recuperar las riendas de su vida.

Me gusta escribir sobre estos temas. En mi vida, las excusas para cambiar algo no existen. Muchas veces las personas se estancan en sus emociones o en su forma de pensar y me entristece ver cómo algunas deciden quedarse como están. Sí, he utilizado el verbo «decidir», porque aunque parezca mentira, nuestra vida se basa en elecciones que  solo nosotros hacemos. Cuando aprendemos a que tenemos control sobre ellas, es cuando todo comienza a cambiar a mejor.

Muchas veces no es fácil y reconozco que, si los protagonistas pudieran mandarme a la mierda (perdonad la expresión), lo harían. ¿Por qué? Porque si bien podemos cambiar las cosas, hay que reconocer que avanzar no es fácil. Pero eso no debería ser nunca una excusa, pues la vida nos presenta entrenamientos en forma de retos o pruebas. Tanto si las superamos como si no, ganamos algo con el hecho de aprender algo.

Abrazad el cambio. Cueste lo que cueste.

 

 

 

 

El poder de los introvertidos

Estimados lectores:

Por fin veo la luz al final del túnel. Llevo desde septiembre inmerso en mi Trabajo de Fin de Grado. Apenas he tenido tiempo para leer y aún menos, escribir.

Por fortuna, he podido encontrar algunos libros interesantes durante estos meses además de los requeridos para mi disertación. Uno de ellos, lo encontré por casualidad durante mis vacaciones en Nueva York. Visitaba la ciudad durante el frío mes de noviembre. Recorríamos las avenidas cercanas a Times Square hasta que llegamos a Bryant Park. Allí había una pista de hielo (más grande que la del Rockerfeller, por cierto), donde los neoyorquinos se deleitaban patinando en círculos.

Al lado se encontraba la biblioteca pública. Cuando tuvimos la oportunidad entramos a visitarla. Como no, acabé entrando en una tienda de libros y allí estaba esa obra que me llamó la atención desde que vi la portada a lo lejos.

El libro se titula Quiet: The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking, de la autora Susan Cain. Al leer de qué trataba me di cuenta de por qué sentí que contenía algo especial. Le tomé una foto y adquirí la versión ebook en Amazon. En cuanto empecé a leerlo, comprendí muchas cosas sobre mí mismo y sobre el funcionamiento del mundo.

Una de las razones por las que me llegó tanto al alma fue descubrir, entre otras cosas, por qué escribo o por qué me comporto de una u otra manera. Me explico. Me considero y me consideran introvertido. Ese podría ser uno de los motivos por los que me gusta escribir. Según este libro, los que somos así nos expresamos mejor por escrito. También disfrutamos de la soledad y solemos vivir dentro de nuestra cabeza.

Además de cosas que ya sé, pues soy así, lo que más me gusta es el análisis que hace este ensayo sobre nuestra forma de pensar. Somos un tipo de persona más reflexiva, que se plantea cuestiones más profundas y percibe aspectos que los extrovertidos no. Con esto no quiere decir que seamos más inteligentes, ni mucho menos. Solo nos comunicamos de manera diferente.

Al principio me sentía terrible por querer pasar buena parte de mi tiempo libre en soledad. Me sentía antisocial. De hecho, hay gente que me acusa de serlo y sí, lo soy a veces, pero pasar tiempo de calidad es para nosotros vital, pues es cuando solemos recargar nuestras energías. Lo peor de todo es que vivimos en una cultura en la que ser así está castigado socialmente. Nos consideran bichos raros, por así decirlo. No lo somos, ni mucho menos y gracias al libro de Susan Cain he podido entender que no hay nada raro en nosotros, ni nada malo.

Y sí, amigo o amiga mía, si te sientes como yo, piensa que no eres un bicho raro ni nadie a quien atosigar. Disfruta de tu tiempo a solas después de ver a tus amigos y date el capricho de sentir el silencio cuando lo necesites. Nuestra misión en el mundo es ver, sentir, notar y reflexionar sobre aquellas cosas que los demás no perciben. Disfruta de escribir o de ver una película un sábado por la tarde en tu casa cuando lo necesites y no te sientas mal por ello.

Si queréis saber más de este libro, podéis consultar su página web y autora:

https://www.quietrev.com

Espero que os haya gustado y que algún día podáis leerlo.

Un abrazo.