A cada cerdo le llega su San Martín…

Estimados lectores,

Hace tiempo que no publico nada por aquí. Ninguna reseña, ningún capítulo de El diario de Saray, ni nada de interés para los amantes de la literatura.

Pero hoy vengo con una noticia. Solo fijaros en este boceto de portada.

La Daga.png

 

Exacto. Este es uno de los borradores de portada que tengo para mi siguiente libro: La daga, que verá la luz durante la primera semana de agosto.

Este es uno de los proyectos que más me ha costado realizar. Siendo mi segundo libro, aún no gozo de la experiencia de los escritores que más recorrido tienen. A ello hay que sumarle un año complicado en el que organizarse ha sido tarea casi imposible.

Pero como menciono en un capítulo de Encadenado, la vida está llena de cuestas. Si uno se esfuerza lo suficiente, al subirla se goza de vistas espléndidas. A la vez, todo lo demás será más fácil.

Y eso he hecho. No rendirme. ¿Cómo serán los resultados? El tiempo lo dirá. Lo importante es que por fin, y de una maldita vez, estoy viendo la luz del túnel con este proyecto.

¿Qué es  La daga?

La daga es una novela policíaca que pertenece al mismo universo de Encadenado y El diario de Saray. Lee la sinopsis provisional para saber de qué irá:

 

“A cada cerdo le llega su San Martín…

Barcelona se muere.

Patricia es una periodista que se dedica a cazar y denunciar en su blog a empresarios corruptos, con el fin de luchar por un sistema justo.

Pese a sus esfuerzos, una poderosa organización criminal toma con velocidad el control de la ciudad.

La policía dispone de los recursos. Patricia de las habilidades. Entre ambos, heridas abiertas que los confrontan. ¿Serán capaces de resolver sus disputas para  luchar contra el mal que se avecina?”

¿Te invitaría a leer? Si no es así, dímelo. ¡No pasa nada! Como escritor novel, necesito de vuestras opiniones para mejorar. Siempre y cuando sean constructivas, podéis decirme cómo mejorar tanto sinopsis como portada. Además, este es el segundo libro…

¡Os iré informando a medida que avancé en las correcciones y diseño de la portada!

Un abrazo.

 

 

 

Capítulo 3 – La biblioteca

5 de octubre de 2007,

Estimado diario,

Ya ha pasado una semana desde que llegué. Todo va sobre ruedas. Estoy muy contenta de estar aquí. Bueno, reconozco que en cuanto pueda me buscaré otro piso. No soporto a Rachel. No para de comer durante todo el día y sus aburridas conversaciones me sacan de quicio. No para de contarme lo mucho que le gustaría vivir en España. Suerte que paso el día fuera de casa combinando estudios y ejercicio por el parque. Solo voy a casa para cenar, escribir este diario y dormir.

Hoy he ido a la biblioteca con Laurel. En muy poco tiempo nos hemos hecho muy amigas. Me ha contado que le encanta la natación y que ha ganado varios campeonatos. La verdad es que tiene un cuerpazo típico de nadadora: estilizado y una postura perfecta, lo que le hace muy atractiva. Le he contado que me gusta correr y ha aplaudido mi delgadez. Me encanta esta chica, aunque me gustaría estar aún más delgada.

En la biblioteca me ha presentado a dos amigas suyas: Jennifer y Sara, ambas estudiantes de Filología Inglesa, como nosotras. Una rubia y la otra morena, preciosas las dos, con atuendos casi tan elegantes como los de Laurel.

Jennifer era bailarina de ballet. Había comenzado no hacia mucho, pues sus padres le decían que debía centrarse en los estudios y no en tonterías. Una vez en la universidad e independiente, se apuntó a clases de ballet.

Por otro lado, Sara era una cabra loca. Iba con asiduidad al gimnasio, para entrenar con un único propósito: estar físicamente preparada para los deportes extremos. Cada vez que podía, saltaba desde un puente o se lanzaba en parapente. También solía hacer escalada si el tiempo lo permitía.

Les expliqué que yo era corredora. Siempre que podía salía a correr por montaña o participaba en alguna carrera. Cuando les dije que mi objetivo era participar en una media maratón por la montaña, Jennifer y Laurel me tomaron por loca. Excepto Sara, quien prometió ayudarme a entrenar.

—Este sábado hay una fiesta de inicio de semestre en la residencia donde vivo — dijo Laurel. — ¿Os apuntáis chicas?

—¡Claro que sí! — exclamó Jennifer dando palmadas.

—Genial. Me encantará ir — dije.

—De acuerdo chicas. Os espero a las ocho. No tardéis. Tengo una sorpresita para vosotras.

—¿Qué es? ¿Qué es? — insistí.

— Lo siento. No lo sabréis hasta el sábado.

La maldita nos dejó con la intriga. Qué rabia me daba.

Tras un par de horas, las chicas se marcharon de allí y me quedé sola en la biblioteca. Quería aprovechar para buscar un libro que necesitaba para estudiar. Tomé una escalera y busqué en la sección donde la bibliotecaria me indicó que se encontraba. Al poner un pie en el primer peldaño, reparé en que la escalera cogeaba un poco. Aun así subí para alcanzar el libro que necesitaba. Sin embargo, la escalera se movió a un lado, provocando que estuviese a punto de caerme. Gracias a mis rápidos reflejos, mis manos pudieron agarrarse a la estantería. Por desgracia, en vez de sujetarme, me caí al suelo tirando un montón de libros, aterrizando encima de mí.

En mis manos cayó un libro antiguo lleno de polvo. Lo sacudí y miré incrédula el título: La Bella y la Bestia. Lo que me faltaba, recordar películas de mi infancia.

—¿Estás bien? — dijo una voz masculina. Vi una mano que me ayudó a levantarme.

—Eso creo… — contesté tomando la mano.

Me hice mucho daño, pero nada importante, salvo cuando me levanté y vi que fue John quien me ayudó. Retiré mi mano de inmediato del asco. Él se percató y me miró perplejo. Se agachó y recogió el libro.

—Creo que deberías leerte este libro. ¿Sabes de qué trata?

—¿De zoofilia? — contesté con sarcasmo.

—Trata de que la belleza está en el interior.

—Creo que ya tienes una edad para ver películas de Disney, ¿no crees?

—La película está basada en este cuento francés de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont de 1756. Aunque él no es el autor original, su obra es una versión de la primera, si no me equivoco, de Gabrielle-Suzane Barbot de Villeneuve. Se le ha dado muchas interpretaciones. Una de ellas es la que conocemos de la película infantil: la belleza está en el interior.

—John, no me importa, ¿vale?

—Pues debería. No todo lo que es bonito es bueno, ni todo lo que es feo es malo.

—Mejor lo dejamos aquí. Adiós.

Me marché dejando a John el deber de recoger todos los libros del suelo. ¿Quién era él para decirme cómo debía pensar?

Salí sin el trabajo hecho y hecha una furia. Necesitaba alegrarme un poco, así que me fui a la tienda a comprar un vestido tan bonito como el de mis nuevas amigas.

Capítulo 2 – Primer día de clase

Estimados lectores, os dejo el segundo capítulo de El diario de Saray que también se encuentra en Wattpad. Espero que lo disfrutéis.

“1 de octubre de 2007
Hoy he comenzado las clases en The Faculty of English, fundada en 1919 y donde han estudiado las mentes más brillantes de la literatura inglesa. Me siento muy privilegiada de estudiar aquí. 

Me dirigí al aula correspondiente donde se impartía la asignatura de Lyrics. Aún no había nadie. Era lo que tenía llegar quince minutos antes. 

Observé con admiración aquel lugar, tan viejo como el edificio donde se encontraba. La madera antigua de las mesas emitía un olor parecido al de las casas rústicas de los pueblos de mi tierra. Por un momento añoré mi hogar y a mis padres,

Me senté en un lugar ni muy lejos ni cercano a la pizarra. Miré hacia la ventana y contemplé el caer de la lluvia que no paraba desde mi llegada a la ciudad. No era para nada mentira que en Inglaterra poco salía el sol. 

Mientras esperaba a que la clase comenzara, abrí el libro de moda del momento que guardaba en mi bolso. Se titulaba Twilight, una historia de amor entre un vampiro y una humana. No era muy fanática de la novela juvenil, pero la sinopsis me atrajo desde un principio en cuanto lo vi en una librería de la ciudad.

A menos cinco empezaron a llegar mis compañeros. Intercambié miradas con algunas caras, pues todas me resultaban desconocidas. En Madrid solía llegar con mis amigas el primer día de clase y nunca me sentía sola. ¿Qué estarían haciendo ? Seguro que planear el fin de semana. Las echaba mucho de menos. Ojalá pueda hacer amigas pronto en este país tan oscuro.

Tres asientos a mi izquierda se sentó un chico con gafas, con el cuerpo decaído y raquítico, como si llevara el peso del mundo sobre sus hombros. Me miraba fijamente pero intenté ignorarle. Aun así me habló.

—Hola — dijo con timidez.

—Hola — devolví el saludo sin mirarle a la cara. No quería vomitar el primer día de clase.

—Me llamo John. ¿Cómo te llamas?

—Saray. 

—Tu nombre no es común. No eres inglesa, ¿verdad?

—No. 

Contesté solo porque la educación que me dieron mis padres me obligaba. Esperaba que su inteligencia no estuviese al nivel de su apariencia y que lo entendiera a la primera.

El chico al final se dio por aludido y dejó de hablarme. Entonces, a mi otro lado se sentó una chica, la típica inglesa, rubia con pequitas en la cara, delgadita, muy bien vestida. 

—Hola — saludé con mi mejor sonrisa. 

—¡Hola! Eres nueva por aquí, ¿verdad?

—Sí, estoy de Erasmus. Me llamo Saray. 

—Yo me llamo Laurel. Encantada.

Me acerqué a darle dos besos a la vez que ella me ofreció su mano. Ambas nos sentimos incómodas y sin saber qué decir.

—Lo siento — dije. — En España nos damos dos besos al presentarnos.

—No te preocupes. He conocido a varios compatriotas tuyos y no es la primera vez que me pasa. Aquí normalmente nos estrechamos la mano — sonrió de forma amistosa. En seguida me sentí mejor.

—Deberé tenerlo en cuenta a partir de ahora, no vaya a ser que se piensen que soy una acosadora. 

Laurel se rio de mi chiste.

—¿Sabes? Me has caído bien. Este fin de semana haremos una fiesta de inicio de semestre. ¿Querrás venir? Habrá mucha juerga y vendrán chicos realmente guapos.

—¡Encantada!

—Tráete amigos si quieres.

—Por ahora no conozco a nadie, así que iré sola. —Tampoco me iba a presentar con la gorda de Rachel a la que apenas conocía y me podía dejar en ridículo. Tenía que causar una buena impresión.

—No te preocupes. Te presentaré a mis amigas. Seguro que les caes genial.

—Gracias.

El Profesor Smith entró en clase, saludó y subió al estrado. Permanecimos atentas a sus explicaciones. Me costaba entender el acento británico, pero me vendría bien. 

Cuando el aburrimiento derribaba nuestra concentración, Laurel me señalaba de vez en cuando a algún chico guapo en clase que merecía ser estudiado en profundidad. No había muchos, pero ya iba bien alegrar la vista en un día tan lluvioso.

No sé por qué lo hice, pero desvié mi atención por unos segundos en el empollón de John, quien me observaba triste. Miré con desprecio a esa criatura tan solitaria y le ignoré. 

—Sé que te da asco. Siempre busca amigos pero nadie quiere estar como una alimaña como él — murmuró. 

Reparé en el vestido tan elegante de Laurel. Me confesó que se lo compró en una tienda en Londres. En cuanto me llegara el dinero de la beca me pensaba comprar uno igual.”

Páginas rotas – Carta en un cubo de la basura

Estimados lectores,

Cosas raras están pasando. Mientras continúo con la siguiente novela, me estoy encontrando con cartas escritas, documentos, historias que narran hechos o sentimientos. Lamentablemente no sé quién los escribió. Solo sé que pertenecen al mundo de Encadenado, la novela que inició todo un proyecto literario por mi parte. ¿O ocurrieron cosas con anterioridad? No tengo respuesta para ello. Solo sé que estas páginas, parecen no aportar nada, pero a alguien pertenecen. Estoy seguro de que algún día responderán preguntas de las historias que irán llegando. Aquí os la dejo.

Trozo de diario recogido en un contenedor de basura en la Ciutadella, Barcelona

28 de febrero de 2016

Ha sido duro, pero por fin lo hemos conseguido. Todas las lecciones aprendidas en el pasado están dando su fruto. Eso no quiere decir que las quiera recordar. Solo aprender de ellas.

Él no sabe nada acerca de este diario. Sé que dicen que el amor es compartir tus secretos más íntimos con las personas que amas. Este no es mi caso. Pese a que lo amo con locura, todavía no confío del todo en él. Aún debe tomar una decisión sobre su vida. ¿O debería tomarla yo? No lo sé. Solo sé que le quiero y me debo armar de paciencia. La luz que irradía su interior es única. Además, no es momento de pensar en ello. Hay cosas más importantes de las que preocuparse en este momento.

Hace unas semanas conocimos a una chica. De apariencia alegre, fuerte e independiente. Enseguida me di cuenta de su alma rota. Él también tenía el alma rota, pero no como ella.

La chica, de cabellos cubiertos por finos hilos de oro y unos ojos como el zafiro, irradiaba una frialdad de la misma intensidad que el brillo azul de su mirada. Su corazón era puro, de eso no me cabe la menor duda, pero también roto en mil pedazos. Cada trocito se unía al otro por grandes dosis de maldad: ira, miedo, violencia… pero de lo que más había era venganza.

Le advertimos. Le dijimos que lo que hacía era peligroso. Cegada por su afán de hacer justicia con los métodos más salvajes, había despertado en la ciudad un gran rencor hacía su persona. Quise hablar con ella, pero no escuchaba. Sólo quería luchar y derramar sangre de cerdo con sus letras.

No obstante, cada día que pasaba, me daba cuenta de la realidad del asunto.  Por las noches era cada vez más habitual escuchar las sirenas de la policía, ambulancias y gritos pidiendo auxilio. Sí, los diarios cubrían sus portadas con fútbol y espectáculo: provocaciones de Gerard Piqué, la apoteosis de Messi, o las ansias de Cristiano Ronaldo por por obtener el balón de oro. Ya lo decían los romanos: panem et circenses. Dale al pueblo pan y circo para tenerlo controlado, aunque en España con solo dar circo ya era suficiente para distraer a la población. Nadie salía a protestar en las calles por el hambre, pero sí cuando ganaba su equipo favorito.

En cambio, la chica rubia, gracias a ese fuego descontrolado que causa su odio tanto hacia las fuerzas de la ley, como aquellos que se aprovechaban del sistema, despertaba poco a poco a la gente del mal que los medios ocultaban pero que se propagaba como el fuego. Barcelona, la ciudad a la que decidí viajar y vivir en cuanto las cosas se torcieron, se estaba muriendo. Poco a poco se descomponía, dejando paso a la inseguridad y al miedo.

¿Debería huir? De nada serviría. Ya lo hice años atrás en Cambridge y sé que tanto lo bueno como lo malo es solo temporal. Tarde o temprano deberé enfrentarme de nuevo a los problemas. Además, el resto de España no está mucho mejor que Barcelona que digamos.

Sólo nos queda luchar junto con la chica contra las bandas criminales que habían surgido.

Y contra todas las amenazas que surgirán.

Capítulo 1 – Arrival Day

“28 de septiembre de 2007
Estimado diario,
Alguien me advirtió de que con cada decisión que tomamos en la vida, desencadenamos una serie de hechos que afectarían no solo nuestras vidas, si no la de los demás. Algo que parece tan insignificante, como el aleteo de una mariposa, puede provocar grandes cambios. ¿Buenos o malos? No lo podemos saber. Solo vivir y decidir lo mejor que podemos y viajar.

“Un viaje de mil millas empieza con un primer paso”‘ dijo Lao-Tsé. Yo he acabado de dar el primero.

Hoy he llegado por fin a Cambridge. Hoy ha finalizado mi viaje. Anoche me despedí de mi amada León. Recuerdo la mirada triste de mis padres al subir en el bus que me dejaría en el aeropuerto de Barajas la mañana siguiente. No los iba a ver en mucho tiempo. Pasé el camino escuchando música, recordando veranos de mi infancia bañándome en el río Carrión, cerca de Palencia. No era la primera vez que me separaba de mis padres. Al inicio de cada semestre marchaba de casa hacia Madrid. Allí comencé mis estudios en Filología Inglesa en la Universidad Complutense, pero allí no los acabaré. Después de tres años de carrera sumergida entre libros de Shakespeare, decidí embarcarme en este viaje. 

Todo ocurrió un día en que un turista norteamericano me preguntó por la Puerta del Sol. Apenas pude entenderme con él. Descubrí que pese a mi culto vocabulario en la lengua mundial tenía serias dificultades de pronunciación, sin hablar del extraño acento yankee. Ese mismo día decidí aplicar al programa Erasmus. Semanas después recibí una carta de aceptación por parte de la University of Cambridge. Por fin tendría una oportunidad de mejorar mi inglés.

¿A quién quería engañar? Me aburría en la capital. Necesitaba un cambio después de tantos años de estudio. Necesitaba salir, vivir, disfrutar de la vida. Muchas eran las historias que corrían en los pasillos sobre los estudiantes de intercambio. Juerga, fiesta y diversión. Y esta, en mi primera noche aquí, marcaría el fin de mis días encerrada hincando los codos.

Llegué a la ciudad a mediodía. De inmediato fui al piso donde alquilé una habitación desde León. Internet nos facilitaba cada vez más la vida y me aseguré un lugar donde pasar las primeras noches. 

En cuanto llegué era justo lo que me esperaba. Un apartamento viejo pero asequible. Mi habitación era minúscula. Una cama pequeña, un estante y un estrecho armario. Tendría que repartir la ropa entre el mueble y la maleta. Ni escritorio ni mesita de noche. En fin. Al menos no dormiría en la calle,

Compartía piso con una chica de Irlanda del Norte. Rachel se llama. Su acento de Belfast aún más difícil de entender que el norteamericano. Además, es un poco rarita. Habla muy poco y apenas hemos entablado conversación más allá de repartirnos las tareas de limpieza. Sin contar que tiene un serio problema de sobrepeso. Empecé a dudar si mi decisión valdría la pena. Veía imposible con Rachel de entablar una amistad.

Por otro lado, iba a experimentar algo que de haberme quedado en mi tierra jamás haría. Tenía ganas de ir a una fiesta, beber, bailar y sobre todo conocer chicos. De una forma u otra le daría alegría al cuerpo. 

Pensaba en el primer paso de este viaje de mil millas. ¿Cómo sería mi vida de ahora en adelante? ¿Qué personas conocería? ¿Cuántas vidas cambiaría? Demasiadas preguntas. Me conformaré con disfrutar de este camino en los años venideros.

Pero ahora necesito descansar. Estoy agotada de todo el día. Antes de dormir miraré el mapa de la ciudad y me familiarizaré con mi nuevo entorno. Quizás salga a correr por algún parque cercano. No lo sé aún. Tengo un año por delante y tengo tiempo. Mañana Dios dirá.”

Reseña de “La flor del azafrán”

Estimados lectores,

Hace tiempo que no pongo nada. Parece que la vida me pone retos cada vez más complicados que debo sortear. Pero aunque tarde, siempre estaré para volver y escribir alguna reseña.

Y eso haré ahora con la reseña de un libro que me ha llamado mucho la atención.

Ficha técnica

Título: La flor del Azafrán. La verdad de Alicia

Autora: Vanesa Puig

Género: romántica

Longitud: 103 páginas

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Sinopsis (extraída de Amazon)

“Alicia es una joven sevillana, estudia Periodismo y trabaja en un local de moda frecuentado por las celebridades del momento.

Toma las decisiones sin sentimientos. En su infancia descubrió que sentir significa sufrir y pacta consigo misma el bloqueo de cualquier forma de sentir.

Todo cambia el día en que conoce a Fabrice Dumont y su corazón rompe el pacto. 

Tras la repentina y accidental muerte de su mejor amigo, Alicia huye de España y se refugia en una localidad de Grecia, Kozáni, donde se hospeda con una familia dedicada al cultivo del azafrán.

La protagonista nos cuenta en primera persona qué sucedió en su vida para lograr creer de nuevo en el amor y reconciliarse con su pasado.”

Mi opinión

Últimamente pocos libros me sorprenden, pero este me ha llamado la atención de una manera  que ningún libro ha conseguido: su fuerte componente emocional.

No hay línea o párrafo que te haga temblar el corazón de una manera u otra. En todo momento he notado amor, frustración, decepción, así como otras emociones. No desde un punto de vista negativo o positivo, sino desde el punto de vista de la historia. La autora posee una habilidad especial para describir y comunicar las emociones que sienten los personajes y como interactúan entre ellas.

Si bien la historia contiene los elementos típicos, esta obra resalta mucho por su uso del humor y la ironía, diferenciándola de muchas otras obras. Sin exagerar, después de aburrirme con el primer libro de la trilogía del Baztán, este libro me ha ayudado a recuperar las ganas de leer.

Como siempre, hay puntos a mejorar. Me he quedado con ganas de más. El libro es un poco corto y te quedas un pelín insaciado. Eso sí, prefiero esto que el relleno que le meten muchos autores para inflar las páginas. Escribir más no significa ser más creativo después de todo.

Este libro te gustará si…
Si te gustan las novelas del género romántico tanto adulto como juvenil. Es un libro fácil de leer con un vocabulario que facilita la lectura. Además, su alto contenido emocional engancha incluso más que la historia.

Esta es mi opinión, espero que os haya gustado. Honestamente, es un libro que merece mucho la pena de leer. Te saltarán tanto las lágrimas como las risas. Sentirás a tu corazón latir al ritmo del libro. Enhorabuena de nuevo a la autora.

¡Esto es todo amigos!

La envidia

Estimados lectores,

Hoy por fin me veo preparado para escribir esto. Desde que inicié este viaje en la escritura me he encontrado con muchos desafíos. Voy a hablar del que más me preocupa: la envidia.

Aunque no suelo ser muy activo en las redes sociales soy bastante observador. En Twitter y en Facebook interactuamos con muchas personas con intereses afines, pero también con otras que se dedican a algo parecido a lo que hacemos. Este es el caso de la escritura, por ejemplo. 

En ellas, es frecuente que un autor o autora haga publicidad de sus obras. Sin embargo, también es posible que tras recibir una buena reseña, o aumentar mucho las ventas, el mismo autor desee compartir su logro con la comunidad. Al fin y al cabo, todos los seres humanos queremos sentirnos importantes, ¿no? Aquí es donde llega el problema.

Sin entrar en debate de discusión sobre cuál sería la finalidad de dar a conocer un logro, lo que realmente me preocupa, y creo, debería preocupar, son los ataques que recibe esa persona. Por ejemplo, he visto acusar a escritores de llevar a cabo “prostitución literaria” para comprar lectores, de ofrecer una opinión más destructiva que una bomba nuclear, e incluso dejar reseñas sin sentido en las páginas de Amazon para derrocar al autor.

A veces decido alejarme un poco de este mundo para no enfermar de tanta lacra. Entonces es cuando me siento frente al ordenador en el trabajo y llevo a cabo mis tareas. Un compañero aparece compartiendo un logro con el resto. Otro ofrece una elaborada idea para reducir el volumen de trabajo innecesario. ¿Qué recibe a cambio? Un sinfín de ataques por parte del resto y pocas felicitaciones. 

Voy al gimnasio para generar endorfinas y provocar una sensación de bienestar en mi cuerpo y mente. Paso por al lado de un grupo de chicas. Las oigo criticar  a la que tiene un buen cuerpo dentro de los estándares sociales. Voy a la sala de pesos libres. Los hombres se miran de reojo. Observo y me doy cuenta de que compiten por ver quién se pone más peso. Si uno no puede superar a otro te dirá que tiene problemas de espalda, o que el fuerte es un amargado que no tiene vida social y pasa la vida allí.

Entro en la clase de Body Combat. Mi preferida. Reconozco que tengo mucho nivel. Grito muy fuerte y soy muy potente en mis golpes. Ese día entra una persona, da igual chico o chica, que lo hace mejor que yo. Me pico. Parece incansable. Intento superarla, sin éxito. Llega el famoso Track 5 que está de moda en ese programa de fitness y no aguanto ni la mitad de flexiones. La miro y me siento frustrado. Ya no soy el mejor. Dentro de mi cabeza miles de pensamientos me destruyen por dentro. Pienso que es arrogante, prepotente, imbécil y gilipollas. Cuando acaba la clase, se acerca a mí y me dice: “¡Buena clase tío!”, me choca los cinco y reconoce que le gusta cómo lo hago. En vez de hacerme amigo suyo le doy largas con una sonrisa falsa y pienso: “Ha venido a reírse de mí”.

Cuando me voy a dormir me doy cuenta de que yo también soy víctima de la envidia.

¿Cómo curarnos?

Después de tanto recapacitar decido que debo cambiar. Reconozco que muchas veces, cuando veo que alguien vende más libros que yo o tiene mejor forma física, o lo que sea, mi mente genera pensamientos tóxicos que me empujan a atacar a esa persona. Un grave error. ¿Qué culpa tiene? Ninguna.

Me di cuenta de que debo trabajar algo: mi autoestima. Un día leí un libro de Dale Carnegie, no recuerdo cuál. Este decía que  cuando alguien nos envidia, en realidad nos está admirando, pues existe reconocimiento previo de algo bueno en nosotros por parte de alguien.

Entonces deduje, si hay una falta de autoestima, no sentiremos admiración sino envidia. La razón es simple: nos frustra no tener eso que otro tiene y eso, pues nos da rabia. Lo malo es que sufre más el envidioso que la persona a la que se ataca.

Por suerte hay una solución y es trabajar la autoestima. Para ello, debemos primero darnos cuenta de las cosas buenas que tenemos. Por ejemplo, a lo mejor no vendemos muchos libros, pero somos buenos haciendo deporte, o cocinando. Todos tenemos buenas cualidades que muchas veces ignoramos. Quizás sea porque así nos hayan educado de pequeños, pero deberíamos dejar de desear lo que otros poseen y valorar lo que ya tenemos. Hay que recordar que somos únicos. No hay nadie más como nosotros. No existe combinación de genes en el mundo que coincida con la nuestra. Solo por esta razón  deberíamos apreciar el gran tesoro que somos y compartirlo con los demás, mientras dejamos que ellos también compartan con nosotros lo que tienen. Al fin y al cabo, si lo hacen, es porque comparten su riqueza con nosotros, ¿no?

Espero que os haya gustado.


Historia de un analbeto

Hesta hez la trizte istoria de un anarfabeto que no savia leer i escrivir. Zu zueño era ser hescritor. Bibía en un mundo de cultos. El hera el húnico que no savia leer. Povre. 

Hun dia aprendio el avesedario. Y hempezo poco ha poco a hentender los testos de los livros.

Despues de leer argunos livros, se hinspiro en una nobela. La hescribio en dos haños. Kuando ha cabo la enseño a argunos y se rieron de el.

– ¡Eres muy tonto! – le decían.

Pero er pobre anarfabeto se puso trizte. Un dia, un maestro leio, con sangre en los hojos del testo yeno de herratas y le dijo:

-¡Eres un genio en la narrativa! ¡Dentro de ti hay un gran escritor!

-Ezo no e berdad – contestó el analfabeto. 

-No te voy a negar que debes mejorar mucho tu escritura. Sin embargo, desarrollas bien la trama. Déjame ayudarte.

-Nadie a podío señó. Soi un vurro desgraciado. 

-Si en seis meses no notas mejoría te daré la razón y podrás marchar.

-De hacuerdo trato esho. 

Hamvos ce fueron juntos. Er maestro le henseñó con zuma paciencia a escrivir correctamente.

Poco a poco, el analfabeto, fue tomando consciencia de cómo mejorar. Ha veces cometía herrores, pero el maestro le señalaba con dulzura dónde estaban. 

Después de mucho tiempo con práctica y entrenamiento, a través de su maestro, el analfabeto corrigió su novela. Bajo seudónimo participó en un concurso de literatura. Ganó el primer premio.

En cuanto la gente culta lo vio, quisieron quitarle el premio. Pensaron que hizo trampa. 

Entonces, el maestro les preguntó:

-¿Fueron a la escuela?

-¡Sí! ¡Al colegio privado! Mis padres, trabajando duramente pudieron darme estudios para no volverme como ese zoquete.

-¿Y si no hubieras podido ir al colegio que habrías hecho?

-No saber y escribir.

-¿Y hubieras escrito una obra?

-Si tuviese estudios sí.

-Y ahora que los tienes, ¿por qué no lo intentas?

El silencio se hizo en la sala. El analfabeto comprendió que tenía algo que los demás no tenían: valor para perseguir sus sueños. Él luchó por convertirse en escritor desde cero, sin recursos, como el resto. Las ventajas con las que nace cada uno no determinan el éxito. Solo ayudan. Finalmente, lo que contaba era la actitud contra las dificultades tanto externas como internas.

Sin darse cuenta, escribía correctamente. A veces se le escapava algún error. Como por ejemplo confundir la “v” con la “b”. Pero le señalaron dulcemente cómo mejorar y siguió aprendiendo.

No alcanzó su felicididad porque ya vivía en ella. Escribiendo a la vez que aprendía.

Una nueva luz

Hace un año y poco que empecé a escribir Encadenado. Entonces, inicié un camino muy difícil de seguir, no por el trabajo duro que supone escribir y promover una obra, sino por lo que te encuentras en el camino: la gente te quiere destruir. Yo la suelo llamar lacra, aunque suene muy despectivo.

Si bien me he encontrado gente que se ha tomado la molestia de leer mi novela, debo decir que me he encontrado comentarios tanto positivos como negativos. Los primeros llenan el alma. Los segundos, en cambio, dependiendo de su naturaleza pueden ser regalos o veneno.

Hay gente que ha leído mi libro y no se ha enganchado.  Me han encontrado errores, me han dado indicaciones de lo que gusta y lo que no. Es algo totalmente respetable. Además, aunque no me siente del todo  bien, considero estas observaciones a medio plazo como un regalo. A veces, aunque no nos guste, necesitamos de las opiniones de los demás para convertirnos en mejores escritores.

Sin embargo, me entristece ver constantemente a gente que se dedique machacar al resto. Cuando me tocó a mí me hundí en la miseria. Sin embargo, después de recomponerme, me di cuenta de que este era un cáncer más común de lo que yo esperaba.

A veces observo cómo les va a mis otros escritores. Entro en blogs, leo reseñas de Amazon, entro en foros de Internet… Sólo veo destrucción en forma de palabras. Entonces me doy cuenta de que nadie está a salvo de la lacra, de esas personas que solo buscan hacer daño.

Sin entrar a debatir cuál es la verdadera naturaleza de tales palabras envenenadas (envidia, arrogancia, etc.), creo que sobra cualquier mensaje que busque destruir a un escritor.

Lo que es más triste, es que esto se ve en cualquier ámbito de la vida. No es la primera vez que veo un jefe machacar a un trabajador, intentándole convencer de que es un inútil, convenciéndole de que ha cometido errores que no son suyos; o profesores machacar a un alumno que podría sobresalir en cualquier ámbito.

Como decía antes, no me parece mal decir dónde se debe mejorar. Para gustos los colores. Ahí no me voy a meter ni voy a decir nada. Eso sí, creo que este mundo necesita un toque. No me parece correcto este tipo de comportamiento. No es la primera vez que veo un escritor dejar de escribir en un género, o lo que es peor, dejar de escribir por culpa de comentarios malolientes.

En este sentido, a partir de ahora, al que vea machacar a alguien, haciendo un uso indebido de su libertad de expresión (ésta impone como límites no vulnerar el honor y la dignidad, al menos en la Ley Española), se va a llevar un ¡zasca! por mi parte.

Se acabó el humillar a futuras estrellas.

No me pienso callar a partir de ahora.

 

 

Cuando te quieren apuñalar pero no sale bien la cosa

Estimados lectores,

Hoy comparto algo que me ha ocurrido durante el día de hoy. A muchos seguramente os ha pasado que lo habéis dado todo, llega el día en que queréis recibir vuestra recompensa, y en vez de ello, os dan una buena hostia en toda la cara.

Pues eso me ha pasado hoy.

En el trabajo me han intentado hacer creer que soy un inútil. Si bien por dentro de mí una bola de fuego empezaba a tomar forma, por otro lado, una sonora carcajada se formaba dentro de mis pulmones.

Los argumentos dejaban mucho que desear. Me recordaban a los que suelen comentar los bloggers veinteañeros que se creen filólogos y sabios de la vida.

Ahí me he dado cuenta de lo que realmente valía como persona. Cuando os intenten hundir a través de críticas, detrás suele haber un fuerte componente de envidia. Hoy me han intentado pisotear, hacerme creer que era alguien inválido, y destrozándome el terreno para mi futuro.

Sin embargo, no me he doblegado. Como un campeón he tomado el liderazgo de mi situación y he hablado como un empresario. He expresado mis intenciones y dejado claro que era momento de iniciar una nueva aventura. Algo que ya he comenzado a trabajar.

Dicen que es malo ser orgulloso, pero a mí el orgullo me permite continuar adelante, sobre todo cuando gente cuya mente rebosa de ignorancia me intenta hacer creer que voy a fracasar.

Eso no ha sido mi caso, ni lo será jamás.