Camino de Santiago – Arzúa a Pedrouzo

Estimados lectores:

Ya queda menos para acabar El Camino. Lo siento en el ambiente. Un par de etapas más y alcanzaré mi destino tras siete días de caminar. Me duele el pie izquierdo al apoyarlo, pero no me importa. Mi alma es fuerte y confío en que alcanzaré mi destino con éxito.

Dear readers,

There is no much way left to finish. I can feel it in the air. Two more stages and I will reach my destiny after walking for seven days. My left foot hurts when I walk, but I do not care. My soul is strong and I trust that I will succeed.

Ese día tengo que llegar a Pedrouzo con tiempo. No he podido reservar un albergue y debo apresurarme con el pie hecho polvo. Pero he visto gente peor que yo y más valiente. En el albergue, entablo conversación una chica italiana que me resulta bastante atractiva. Su móvil, que está enchufado a la pared porque se está cargando mientras ella desayuna algo, empieza a sonar y ella no se da cuenta. Se lo hago saber y hablamos. Le caigo simpático. Se le nota. Me cuenta que quiere llegar a Finisterre, si puede, y va a caminar con shorts tejanos. Sus palabras me motivan aún más. Mucha gente tiene más fe en sí misma que la que tengo yo conmigo mismo. Me puedo exigir más porque no me estoy muriendo. Aún tengo mucho para dar. Me levanto, le deseo suerte en su caminar y me embarco con un pie que me duele a recorrer unos 19km hasta Pedrouzo.

That day I have to get to Pedrouzo as soon as possible. I could not book a hostel and I must hurry with an injured foot. But I have seen people in a worse shape but braver. In the hostel, I talk with an Italian girl. I find her very attractive. Her phone, that is connected to the socket because it is charging starts to sound while she is eating something, starts to sound and she is not aware. I let her know and then we talk. She fins me nice, I can see it. She tells me that she wants to get to Finisterre, if she can, and she is going to walk with short jeans. Her words motivate me more. Many people have more faith in themselves that me with myself. I can be more demanding because I am not dying. There is much way left. I get up, I wish her luck and I start walking with an injured foot 19km to Pedrouzo.

El camino es oscuro al salir del pueblo. Son las seis y media de la mañana y no se ve nada. Me equivoco de camino y me meto por la ruta complementaria. A otros peregrinos les ha pasado lo mismo y deciden volver atrás a encontrar el camino correcto. Yo decido seguir, porque no me he equivocado, solo he tomado un desvío que es igual de válido que el camino normal. Luego me doy cuenta de que estos peregrinos han decidido lo mismo que yo.

The way is dark when I leave the town. It is 6:00 a.m. and I cannot see anything. I take the wrong way and step into the complementary route. Other pilgrims made the same mistake and they decide to come back to find the right way. I prefer to keep walking, because it was not a mistake. I just took a detour which is as valid as the normal way. Then I realise that these pilgrims decided the same.

Cuando llevo un rato caminando, conozco a Carmen, una señora en sus cincuenta y poco que camina a la misma velocidad que yo. Me cuenta que su hijo está en otra parte de El Camino, pero no sabe si delante o detrás, solo que está en la misma etapa que ella. Lo llama y no le responde. No se preocupa, pero se enfada. Entonces me cuenta su historia, así como yo le cuento la mía.

When I have been walking for a while, I meet Carmen, a woman in her early fifties that walks at the same speed as I do. She tells me that her son is somewhere else on El Camino, but she does not know if she is ahead or behind. Only that he is on the same stage. She calls him but he does not answer. She does not worry, but she gets upset. Then she tells me her story as I tell her mine.

Se divorció y ahora está casada de nuevo. Asegura estar muy enamorada de su segundo marido, que sueña con hacer El Camino de Santiago pero lo ha dejado en Alicante, donde ella vive. Si no recuerdo mal es porque estaba lesionado. Nada grave, pero como ella quería hacer El Camino a toda costa, lo hace con su hijo. Entonces hablamos de relaciones.

Me explica que su hijo estaba con una chica, con la que había roto porque se había desenamorado de ella. Que ella estaba disgustada pero que lo acepta, pues su hijo es más feliz. Yo le explico que tome la misma decisión con mi ex mujer por la misma razón. Me entiende y eso me gusta. Me da ánimos, pues me dice que ahora que tengo treinta y tres años, seguramente tenga las cosas más claras y me da esperanzas a que encontraré a alguien en mi vida con quien seré más feliz. Tengo fe en lo que dice. Yo me lo creo. Me siento conmigo mismo y capaz. Siento que me quiero más a mí mismo y me respeto más. Entonces llegamos a la conclusión de que uno tiene que ver primero por sí mismo, por muy egoísta que suene, pues si no estamos bien nosotros, no podemos hacer feliz a quien queremos de verdad. Gracias a sus palabras, no me siento tan culpable y castigado por romperle el corazón a una persona, porque lo he hecho por mí, porque me quiero un poco más que ayer y mañana me querré un poco más que hoy.

Pasamos el resto de la etapa charlando. Nos paramos en un bar a desayunar y ella localiza a su hijo con el móvil. Gente del bar reconoce la camiseta que llevo puesta. Es de la Behobia, una carrera de 20km que hice el 2015 por última vez y cuyo recorrido va desde el pueblo de Behobia, que hace frontera con Francia, hasta el boulevard de San Sebastián. Me admiran porque tiene fama de dura. No me siento arrogante, sino que me siento bien, con confianza. Recuerdo que puedo lograr lo que me proponga.

Sigo con Carmen andando hasta el final de la etapa en Pedrouza y la acompaño hasta su albergue. Me despido con dos besos, pero no nos damos el teléfono ni nada. Me sabe mal porque no la veré más quizás en su vida ni conoceré a su hijo, que seguro que es una bella persona. Sin embargo, creo que nuestros caminos se han acabado. Tengo esa sensación de que nos sentimos bien el uno con el otro, pero no nos hacemos falta. No tenemos por qué ser amigos. Me despido con dos besos, le sonrío honestamente, pues es una gran persona, pero tengo que dejarla marchar. Me da pena, pero no me duele. Me parece que estoy aprendiendo a no apegarme a las personas.

Pese a que me duele el pie izquierdo y estoy a 19km de Santiago, no tengo albergue. Decido seguir caminando hasta encontrar un lugar donde dormir. Total, ya he completado la etapa. Si recorto kilómetros y encuentro un lugar donde dormir, podré llegar temprano a la ciudad y conseguir la Compostela, para luego tomar el bus con calma, que sale a las dos de la tarde y hacerme unas fotos con los peregrinos que he conocido.

Apoyo mi bastón de peregrino en el suelo, pues me duele el pie, pero sigo andando.

 

 

 

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