Capítulo 2 – Primer día de clase

Estimados lectores, os dejo el segundo capítulo de El diario de Saray que también se encuentra en Wattpad. Espero que lo disfrutéis.

“1 de octubre de 2007
Hoy he comenzado las clases en The Faculty of English, fundada en 1919 y donde han estudiado las mentes más brillantes de la literatura inglesa. Me siento muy privilegiada de estudiar aquí. 

Me dirigí al aula correspondiente donde se impartía la asignatura de Lyrics. Aún no había nadie. Era lo que tenía llegar quince minutos antes. 

Observé con admiración aquel lugar, tan viejo como el edificio donde se encontraba. La madera antigua de las mesas emitía un olor parecido al de las casas rústicas de los pueblos de mi tierra. Por un momento añoré mi hogar y a mis padres,

Me senté en un lugar ni muy lejos ni cercano a la pizarra. Miré hacia la ventana y contemplé el caer de la lluvia que no paraba desde mi llegada a la ciudad. No era para nada mentira que en Inglaterra poco salía el sol. 

Mientras esperaba a que la clase comenzara, abrí el libro de moda del momento que guardaba en mi bolso. Se titulaba Twilight, una historia de amor entre un vampiro y una humana. No era muy fanática de la novela juvenil, pero la sinopsis me atrajo desde un principio en cuanto lo vi en una librería de la ciudad.

A menos cinco empezaron a llegar mis compañeros. Intercambié miradas con algunas caras, pues todas me resultaban desconocidas. En Madrid solía llegar con mis amigas el primer día de clase y nunca me sentía sola. ¿Qué estarían haciendo ? Seguro que planear el fin de semana. Las echaba mucho de menos. Ojalá pueda hacer amigas pronto en este país tan oscuro.

Tres asientos a mi izquierda se sentó un chico con gafas, con el cuerpo decaído y raquítico, como si llevara el peso del mundo sobre sus hombros. Me miraba fijamente pero intenté ignorarle. Aun así me habló.

—Hola — dijo con timidez.

—Hola — devolví el saludo sin mirarle a la cara. No quería vomitar el primer día de clase.

—Me llamo John. ¿Cómo te llamas?

—Saray. 

—Tu nombre no es común. No eres inglesa, ¿verdad?

—No. 

Contesté solo porque la educación que me dieron mis padres me obligaba. Esperaba que su inteligencia no estuviese al nivel de su apariencia y que lo entendiera a la primera.

El chico al final se dio por aludido y dejó de hablarme. Entonces, a mi otro lado se sentó una chica, la típica inglesa, rubia con pequitas en la cara, delgadita, muy bien vestida. 

—Hola — saludé con mi mejor sonrisa. 

—¡Hola! Eres nueva por aquí, ¿verdad?

—Sí, estoy de Erasmus. Me llamo Saray. 

—Yo me llamo Laurel. Encantada.

Me acerqué a darle dos besos a la vez que ella me ofreció su mano. Ambas nos sentimos incómodas y sin saber qué decir.

—Lo siento — dije. — En España nos damos dos besos al presentarnos.

—No te preocupes. He conocido a varios compatriotas tuyos y no es la primera vez que me pasa. Aquí normalmente nos estrechamos la mano — sonrió de forma amistosa. En seguida me sentí mejor.

—Deberé tenerlo en cuenta a partir de ahora, no vaya a ser que se piensen que soy una acosadora. 

Laurel se rio de mi chiste.

—¿Sabes? Me has caído bien. Este fin de semana haremos una fiesta de inicio de semestre. ¿Querrás venir? Habrá mucha juerga y vendrán chicos realmente guapos.

—¡Encantada!

—Tráete amigos si quieres.

—Por ahora no conozco a nadie, así que iré sola. —Tampoco me iba a presentar con la gorda de Rachel a la que apenas conocía y me podía dejar en ridículo. Tenía que causar una buena impresión.

—No te preocupes. Te presentaré a mis amigas. Seguro que les caes genial.

—Gracias.

El Profesor Smith entró en clase, saludó y subió al estrado. Permanecimos atentas a sus explicaciones. Me costaba entender el acento británico, pero me vendría bien. 

Cuando el aburrimiento derribaba nuestra concentración, Laurel me señalaba de vez en cuando a algún chico guapo en clase que merecía ser estudiado en profundidad. No había muchos, pero ya iba bien alegrar la vista en un día tan lluvioso.

No sé por qué lo hice, pero desvié mi atención por unos segundos en el empollón de John, quien me observaba triste. Miré con desprecio a esa criatura tan solitaria y le ignoré. 

—Sé que te da asco. Siempre busca amigos pero nadie quiere estar como una alimaña como él — murmuró. 

Reparé en el vestido tan elegante de Laurel. Me confesó que se lo compró en una tienda en Londres. En cuanto me llegara el dinero de la beca me pensaba comprar uno igual.”

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