Historia de un analbeto

Hesta hez la trizte istoria de un anarfabeto que no savia leer i escrivir. Zu zueño era ser hescritor. Bibía en un mundo de cultos. El hera el húnico que no savia leer. Povre. 

Hun dia aprendio el avesedario. Y hempezo poco ha poco a hentender los testos de los livros.

Despues de leer argunos livros, se hinspiro en una nobela. La hescribio en dos haños. Kuando ha cabo la enseño a argunos y se rieron de el.

– ¡Eres muy tonto! – le decían.

Pero er pobre anarfabeto se puso trizte. Un dia, un maestro leio, con sangre en los hojos del testo yeno de herratas y le dijo:

-¡Eres un genio en la narrativa! ¡Dentro de ti hay un gran escritor!

-Ezo no e berdad – contestó el analfabeto. 

-No te voy a negar que debes mejorar mucho tu escritura. Sin embargo, desarrollas bien la trama. Déjame ayudarte.

-Nadie a podío señó. Soi un vurro desgraciado. 

-Si en seis meses no notas mejoría te daré la razón y podrás marchar.

-De hacuerdo trato esho. 

Hamvos ce fueron juntos. Er maestro le henseñó con zuma paciencia a escrivir correctamente.

Poco a poco, el analfabeto, fue tomando consciencia de cómo mejorar. Ha veces cometía herrores, pero el maestro le señalaba con dulzura dónde estaban. 

Después de mucho tiempo con práctica y entrenamiento, a través de su maestro, el analfabeto corrigió su novela. Bajo seudónimo participó en un concurso de literatura. Ganó el primer premio.

En cuanto la gente culta lo vio, quisieron quitarle el premio. Pensaron que hizo trampa. 

Entonces, el maestro les preguntó:

-¿Fueron a la escuela?

-¡Sí! ¡Al colegio privado! Mis padres, trabajando duramente pudieron darme estudios para no volverme como ese zoquete.

-¿Y si no hubieras podido ir al colegio que habrías hecho?

-No saber y escribir.

-¿Y hubieras escrito una obra?

-Si tuviese estudios sí.

-Y ahora que los tienes, ¿por qué no lo intentas?

El silencio se hizo en la sala. El analfabeto comprendió que tenía algo que los demás no tenían: valor para perseguir sus sueños. Él luchó por convertirse en escritor desde cero, sin recursos, como el resto. Las ventajas con las que nace cada uno no determinan el éxito. Solo ayudan. Finalmente, lo que contaba era la actitud contra las dificultades tanto externas como internas.

Sin darse cuenta, escribía correctamente. A veces se le escapava algún error. Como por ejemplo confundir la “v” con la “b”. Pero le señalaron dulcemente cómo mejorar y siguió aprendiendo.

No alcanzó su felicididad porque ya vivía en ella. Escribiendo a la vez que aprendía.

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