Una nueva luz

Hace un año y poco que empecé a escribir Encadenado. Entonces, inicié un camino muy difícil de seguir, no por el trabajo duro que supone escribir y promover una obra, sino por lo que te encuentras en el camino: la gente te quiere destruir. Yo la suelo llamar lacra, aunque suene muy despectivo.

Si bien me he encontrado gente que se ha tomado la molestia de leer mi novela, debo decir que me he encontrado comentarios tanto positivos como negativos. Los primeros llenan el alma. Los segundos, en cambio, dependiendo de su naturaleza pueden ser regalos o veneno.

Hay gente que ha leído mi libro y no se ha enganchado.  Me han encontrado errores, me han dado indicaciones de lo que gusta y lo que no. Es algo totalmente respetable. Además, aunque no me siente del todo  bien, considero estas observaciones a medio plazo como un regalo. A veces, aunque no nos guste, necesitamos de las opiniones de los demás para convertirnos en mejores escritores.

Sin embargo, me entristece ver constantemente a gente que se dedique machacar al resto. Cuando me tocó a mí me hundí en la miseria. Sin embargo, después de recomponerme, me di cuenta de que este era un cáncer más común de lo que yo esperaba.

A veces observo cómo les va a mis otros escritores. Entro en blogs, leo reseñas de Amazon, entro en foros de Internet… Sólo veo destrucción en forma de palabras. Entonces me doy cuenta de que nadie está a salvo de la lacra, de esas personas que solo buscan hacer daño.

Sin entrar a debatir cuál es la verdadera naturaleza de tales palabras envenenadas (envidia, arrogancia, etc.), creo que sobra cualquier mensaje que busque destruir a un escritor.

Lo que es más triste, es que esto se ve en cualquier ámbito de la vida. No es la primera vez que veo un jefe machacar a un trabajador, intentándole convencer de que es un inútil, convenciéndole de que ha cometido errores que no son suyos; o profesores machacar a un alumno que podría sobresalir en cualquier ámbito.

Como decía antes, no me parece mal decir dónde se debe mejorar. Para gustos los colores. Ahí no me voy a meter ni voy a decir nada. Eso sí, creo que este mundo necesita un toque. No me parece correcto este tipo de comportamiento. No es la primera vez que veo un escritor dejar de escribir en un género, o lo que es peor, dejar de escribir por culpa de comentarios malolientes.

En este sentido, a partir de ahora, al que vea machacar a alguien, haciendo un uso indebido de su libertad de expresión (ésta impone como límites no vulnerar el honor y la dignidad, al menos en la Ley Española), se va a llevar un ¡zasca! por mi parte.

Se acabó el humillar a futuras estrellas.

No me pienso callar a partir de ahora.

 

 

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2 pensamientos en “Una nueva luz

  1. Es muy triste lo que cuentas, pero es la realidad desgraciadamente. La envidia y los celos están a la orden del día. Pero oye siempre hay un dicho que dice mientras hablen de mi… que hablen… eso es que les importo… mucha suerte en tu andadura. Y sin duda, la libertad de expresión se acaba cuando empiezan los derechos de los demás.

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  2. Amigo mío, el escritor escribe en soledad, deja su esencia en cada texto, entonces qué importa lo que piensen los demás… Te gustó? Qué bien… No te gustó? Qué bien… al menos sabés que no fuiste ignorado, y cuánto más te critican, más te engrandecen. Ni deberías tomarte la molestia de responder a los malos intencionados, porque eso buscan, ponerte mal, olvidate, no se merecen ni un CHAUUUUUUUUU

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