Resurgir

Estimados lectores,

Hoy vengo con una reflexión. Basta de reseñas por el momento. Llevo unos cuantos días en los que mi mente no para de moverse a toda velocidad: cambios en el trabajo, escribir mi segundo libro, acabar los estudios… En fin. Un montón de estímulos que se han acumulado en mi mente y me han agobiado un poco.

Pero me siento muy orgulloso de mí.

Cuando inicié el blog, escribí un artículo acerca del Ave Fénix. Me encanta la simbología que tiene este mítico pájaro. Pues bien, hace poco volví a resurgir de nuevo de mis cenizas. Al parecer le estoy empezando a coger práctica y cada vez se me da mejor.

En octubre tuve un accidente de tráfico. La conductora que nos golpeó fue una chica que al parecer iba bastante bebida y no nos vio. Por fortuna no fueron grandes daños para mí y para mi mujer. No obstante, lo más molesto fue todo lo que acarreó el accidente: la rehabilitación.

Siempre he sido un adicto al deporte. Si un día no puedo ir al gimnasio os tendréis que enfrentar a mi mal humor. Lo reconozco, soy adicto a las endorfinas que genera el deporte. Pues bien, tras una visita médica, me dijeron que no podía hacer nada. Solo lo justo y si el fisioterapeuta me lo aprobaba. Hice caso, pues la lumbar me quedó afectada.

A los dos meses nos dieron el alta. Como dije, no fue algo tan bestia como para coger una baja laboral, pero sí como para limitarme casi tres meses. En enero volví a mi amado gimnasio. Poco podría describir el placer que sentí al entrar nuevamente a una clase de Body Combat y empezar a saltar poco a poco.

Poco a poco fui cogiendo el ritmo. A mitad de enero, al ver que me sentía mejor decidí, como bien mi locura me define, apuntarme a la Mitja de Barcelona que tuvo lugar el 12 de febrero. Nada más ni más ni menos que 21 kilómetros. Toma ya.

Pues allí estuve, en la línea de salida, y tras el pistoletazo corrí hasta el final. 2 horas y 17 minutos hice entrada en la línea de meta. Unos 20 minutos de más que mi tiempo normal. Una barbaridad, ¿verdad?

Sin embargo me siento orgulloso. ¿Por qué? Ahora es cuando vienen las críticas: eres un lento, yo lo hago mejor, bla, bla bla. Entonces es cuando respondo: sí, pero he resurgido de mi pequeño parón y he vuelto a la lona a luchar. Eso sí, con un dolor de lumbar dándome por saco durante los 21 kilómetros.

Lo importante de esta anécdota es que nunca debemos buscar un motivo para rendirnos. Está bien. Mi lesión duró  pocos meses. Otros se hacen daños más grandes de los cuales no se podrán recuperar jamás.

Lo que quiero decir con esto, es que la gran mayoría de nosotros tenemos la virtud de tener una vida sana, de tener recursos y la capacidad para lograr nuestros sueños. Cuando caemos, debemos intentar siempre resurgir. Nunca es tarde para volver a levantarse y seguir luchando (o corriendo).

En cuanto me recupere de las agujetas, volveré a pisar el gimnasio a entrenar. Eso sí, cuidando a mi pobre lumbar que cualquier día me manda a freír gárgaras.

Un abrazo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s