Los demás importan

Hoy me encuentro en mi casa y veo la lluvia caer a través de la ventana. Esta mañana fui a pasear con mi esposa por la montaña. Queríamos llegar hasta un pequeño castillo en ruinas, pero desgraciadamente empezó a llover y tuvimos que volver antes de alcanzar nuestro objetivo.

No obstante, me he llevado un regalo a casa (a parte de salir a pasear con mi mujer, claro).

Íbamos los dos felizmente paseando, compensando el sueño por madrugar tanto. Cuando llevábamos casi una hora, nos encontramos con un pequeño grupo de tres ciclistas, de los cuales, uno estaba en el suelo.

Sin pensarlo, nos acercamos y preguntamos si necesitaban ayuda. Nos dijeron que ya habían llamado al 112, y que una ambulancia, la policía y los bomberos estaban en camino (sí, los bomberos también).

A diferencia de lo que ocurre en las novelas o películas, el chaval no estaba agonizando de dolor pese a haberse torcido el tobillo. Sin embargo, esto no quiere decir que el pobre pudiese levantarse. Todo lo contrario, estaba tirado en el suelo casi inmóvil. Aquí es donde actuamos nosotros.

Por costumbre, cuando salgo a pasear por la montaña, suelo llevar vendas, spray, e incluso hielo. Algunos me etiquetan como paranoico, otros como que me preocupo simplemente. La razón es simple: nunca sabes qué te puede pasar, o como ese día, encontrar.

Tras mostrar mi inventario, les di el hielo. Uno de los chicos golpeó la bolsa con el puño, ésta se enfrío, y la aplicó en el tobillo del chico aliviando su dolor. Una vez llegó la policía, me preguntaron cuánto me costó el hielo y yo dije que todo en la Decathlon me costó unos veinte euros. Entonces, mi mujer y yo decidimos reanudar nuestro camino y ella me comentó:

-Me parece que el chico te quería pagar el hielo.

-Pues ni me he enterado de que iban por ahí los tiros. Total, no le voy a cobrar por eso -respondí.

-Totalmente de acuerdo.

Al seguir, sentí una gran sensación dentro de mi cuerpo. Había ayudado a una persona sin pedir nada a cambio. Entonces una vez más comprendí la importancia de ayudar a los demás.

No se trata de una cuestión de karma, o de creencias religiosas, o de vender más mi libro, o hacer más amigos, o cualquier cosa que se os ocurra. Dejando a un lado ideologías y motivos ulteriores, considero que lo que hemos hecho hoy nos ha regalado un poco más de algo que se está perdiendo en el mundo: humanidad.

No tengo ni idea de si el chaval que estaba en el suelo era un criminal o un misionario. La cuestión es que sin dudar, le echamos un pequeño cable para aliviar su inflamación y me siento muy orgulloso de nuestras acciones.

Como dice mi mujer, hemos recuperado un poco de humanidad en el mundo. Gracias a la pequeña acción que hemos tomado, seguramente consigamos que este pequeño grupo esté más motivado a ayudar a alguien que lo necesite en el futuro, y así combatir la frialdad en la que nos estamos sumergiendo en este momento. ¿Tanto nos cuesta ser mejores personas?

Reconozco que el lado oscuro es muy tentador pero, creo que deberíamos hacer todo lo posible por sacar lo mejor de nosotros mismos. Solo así, sacaremos lo mejor de los demás.

 

 

 

 

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