Páginas rotas – Carta en un cubo de la basura

Estimados lectores,

Cosas raras están pasando. Mientras continúo con la siguiente novela, me estoy encontrando con cartas escritas, documentos, historias que narran hechos o sentimientos. Lamentablemente no sé quién los escribió. Solo sé que pertenecen al mundo de Encadenado, la novela que inició todo un proyecto literario por mi parte. ¿O ocurrieron cosas con anterioridad? No tengo respuesta para ello. Solo sé que estas páginas, parecen no aportar nada, pero a alguien pertenecen. Estoy seguro de que algún día responderán preguntas de las historias que irán llegando. Aquí os la dejo.

Trozo de diario recogido en un contenedor de basura en la Ciutadella, Barcelona

28 de febrero de 2016

Ha sido duro, pero por fin lo hemos conseguido. Todas las lecciones aprendidas en el pasado están dando su fruto. Eso no quiere decir que las quiera recordar. Solo aprender de ellas.

Él no sabe nada acerca de este diario. Sé que dicen que el amor es compartir tus secretos más íntimos con las personas que amas. Este no es mi caso. Pese a que lo amo con locura, todavía no confío del todo en él. Aún debe tomar una decisión sobre su vida. ¿O debería tomarla yo? No lo sé. Solo sé que le quiero y me debo armar de paciencia. La luz que irradía su interior es única. Además, no es momento de pensar en ello. Hay cosas más importantes de las que preocuparse en este momento.

Hace unas semanas conocimos a una chica. De apariencia alegre, fuerte e independiente. Enseguida me di cuenta de su alma rota. Él también tenía el alma rota, pero no como ella.

La chica, de cabellos cubiertos por finos hilos de oro y unos ojos como el zafiro, irradiaba una frialdad de la misma intensidad que el brillo azul de su mirada. Su corazón era puro, de eso no me cabe la menor duda, pero también roto en mil pedazos. Cada trocito se unía al otro por grandes dosis de maldad: ira, miedo, violencia… pero de lo que más había era venganza.

Le advertimos. Le dijimos que lo que hacía era peligroso. Cegada por su afán de hacer justicia con los métodos más salvajes, había despertado en la ciudad un gran rencor hacía su persona. Quise hablar con ella, pero no escuchaba. Sólo quería luchar y derramar sangre de cerdo con sus letras.

No obstante, cada día que pasaba, me daba cuenta de la realidad del asunto.  Por las noches era cada vez más habitual escuchar las sirenas de la policía, ambulancias y gritos pidiendo auxilio. Sí, los diarios cubrían sus portadas con fútbol y espectáculo: provocaciones de Gerard Piqué, la apoteosis de Messi, o las ansias de Cristiano Ronaldo por por obtener el balón de oro. Ya lo decían los romanos: panem et circenses. Dale al pueblo pan y circo para tenerlo controlado, aunque en España con solo dar circo ya era suficiente para distraer a la población. Nadie salía a protestar en las calles por el hambre, pero sí cuando ganaba su equipo favorito.

En cambio, la chica rubia, gracias a ese fuego descontrolado que causa su odio tanto hacia las fuerzas de la ley, como aquellos que se aprovechaban del sistema, despertaba poco a poco a la gente del mal que los medios ocultaban pero que se propagaba como el fuego. Barcelona, la ciudad a la que decidí viajar y vivir en cuanto las cosas se torcieron, se estaba muriendo. Poco a poco se descomponía, dejando paso a la inseguridad y al miedo.

¿Debería huir? De nada serviría. Ya lo hice años atrás en Cambridge y sé que tanto lo bueno como lo malo es solo temporal. Tarde o temprano deberé enfrentarme de nuevo a los problemas. Además, el resto de España no está mucho mejor que Barcelona que digamos.

Sólo nos queda luchar junto con la chica contra las bandas criminales que habían surgido.

Y contra todas las amenazas que surgirán.

Reseña de “La flor del azafrán”

Estimados lectores,

Hace tiempo que no pongo nada. Parece que la vida me pone retos cada vez más complicados que debo sortear. Pero aunque tarde, siempre estaré para volver y escribir alguna reseña.

Y eso haré ahora con la reseña de un libro que me ha llamado mucho la atención.

Ficha técnica

Título: La flor del Azafrán. La verdad de Alicia

Autora: Vanesa Puig

Género: romántica

Longitud: 103 páginas

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Sinopsis (extraída de Amazon)

“Alicia es una joven sevillana, estudia Periodismo y trabaja en un local de moda frecuentado por las celebridades del momento.

Toma las decisiones sin sentimientos. En su infancia descubrió que sentir significa sufrir y pacta consigo misma el bloqueo de cualquier forma de sentir.

Todo cambia el día en que conoce a Fabrice Dumont y su corazón rompe el pacto. 

Tras la repentina y accidental muerte de su mejor amigo, Alicia huye de España y se refugia en una localidad de Grecia, Kozáni, donde se hospeda con una familia dedicada al cultivo del azafrán.

La protagonista nos cuenta en primera persona qué sucedió en su vida para lograr creer de nuevo en el amor y reconciliarse con su pasado.”

Mi opinión

Últimamente pocos libros me sorprenden, pero este me ha llamado la atención de una manera  que ningún libro ha conseguido: su fuerte componente emocional.

No hay línea o párrafo que te haga temblar el corazón de una manera u otra. En todo momento he notado amor, frustración, decepción, así como otras emociones. No desde un punto de vista negativo o positivo, sino desde el punto de vista de la historia. La autora posee una habilidad especial para describir y comunicar las emociones que sienten los personajes y como interactúan entre ellas.

Si bien la historia contiene los elementos típicos, esta obra resalta mucho por su uso del humor y la ironía, diferenciándola de muchas otras obras. Sin exagerar, después de aburrirme con el primer libro de la trilogía del Baztán, este libro me ha ayudado a recuperar las ganas de leer.

Como siempre, hay puntos a mejorar. Me he quedado con ganas de más. El libro es un poco corto y te quedas un pelín insaciado. Eso sí, prefiero esto que el relleno que le meten muchos autores para inflar las páginas. Escribir más no significa ser más creativo después de todo.

Este libro te gustará si…
Si te gustan las novelas del género romántico tanto adulto como juvenil. Es un libro fácil de leer con un vocabulario que facilita la lectura. Además, su alto contenido emocional engancha incluso más que la historia.

Esta es mi opinión, espero que os haya gustado. Honestamente, es un libro que merece mucho la pena de leer. Te saltarán tanto las lágrimas como las risas. Sentirás a tu corazón latir al ritmo del libro. Enhorabuena de nuevo a la autora.

¡Esto es todo amigos!

La envidia

Estimados lectores,

Hoy por fin me veo preparado para escribir esto. Desde que inicié este viaje en la escritura me he encontrado con muchos desafíos. Voy a hablar del que más me preocupa: la envidia.

Aunque no suelo ser muy activo en las redes sociales soy bastante observador. En Twitter y en Facebook interactuamos con muchas personas con intereses afines, pero también con otras que se dedican a algo parecido a lo que hacemos. Este es el caso de la escritura, por ejemplo. 

En ellas, es frecuente que un autor o autora haga publicidad de sus obras. Sin embargo, también es posible que tras recibir una buena reseña, o aumentar mucho las ventas, el mismo autor desee compartir su logro con la comunidad. Al fin y al cabo, todos los seres humanos queremos sentirnos importantes, ¿no? Aquí es donde llega el problema.

Sin entrar en debate de discusión sobre cuál sería la finalidad de dar a conocer un logro, lo que realmente me preocupa, y creo, debería preocupar, son los ataques que recibe esa persona. Por ejemplo, he visto acusar a escritores de llevar a cabo “prostitución literaria” para comprar lectores, de ofrecer una opinión más destructiva que una bomba nuclear, e incluso dejar reseñas sin sentido en las páginas de Amazon para derrocar al autor.

A veces decido alejarme un poco de este mundo para no enfermar de tanta lacra. Entonces es cuando me siento frente al ordenador en el trabajo y llevo a cabo mis tareas. Un compañero aparece compartiendo un logro con el resto. Otro ofrece una elaborada idea para reducir el volumen de trabajo innecesario. ¿Qué recibe a cambio? Un sinfín de ataques por parte del resto y pocas felicitaciones. 

Voy al gimnasio para generar endorfinas y provocar una sensación de bienestar en mi cuerpo y mente. Paso por al lado de un grupo de chicas. Las oigo criticar  a la que tiene un buen cuerpo dentro de los estándares sociales. Voy a la sala de pesos libres. Los hombres se miran de reojo. Observo y me doy cuenta de que compiten por ver quién se pone más peso. Si uno no puede superar a otro te dirá que tiene problemas de espalda, o que el fuerte es un amargado que no tiene vida social y pasa la vida allí.

Entro en la clase de Body Combat. Mi preferida. Reconozco que tengo mucho nivel. Grito muy fuerte y soy muy potente en mis golpes. Ese día entra una persona, da igual chico o chica, que lo hace mejor que yo. Me pico. Parece incansable. Intento superarla, sin éxito. Llega el famoso Track 5 que está de moda en ese programa de fitness y no aguanto ni la mitad de flexiones. La miro y me siento frustrado. Ya no soy el mejor. Dentro de mi cabeza miles de pensamientos me destruyen por dentro. Pienso que es arrogante, prepotente, imbécil y gilipollas. Cuando acaba la clase, se acerca a mí y me dice: “¡Buena clase tío!”, me choca los cinco y reconoce que le gusta cómo lo hago. En vez de hacerme amigo suyo le doy largas con una sonrisa falsa y pienso: “Ha venido a reírse de mí”.

Cuando me voy a dormir me doy cuenta de que yo también soy víctima de la envidia.

¿Cómo curarnos?

Después de tanto recapacitar decido que debo cambiar. Reconozco que muchas veces, cuando veo que alguien vende más libros que yo o tiene mejor forma física, o lo que sea, mi mente genera pensamientos tóxicos que me empujan a atacar a esa persona. Un grave error. ¿Qué culpa tiene? Ninguna.

Me di cuenta de que debo trabajar algo: mi autoestima. Un día leí un libro de Dale Carnegie, no recuerdo cuál. Este decía que  cuando alguien nos envidia, en realidad nos está admirando, pues existe reconocimiento previo de algo bueno en nosotros por parte de alguien.

Entonces deduje, si hay una falta de autoestima, no sentiremos admiración sino envidia. La razón es simple: nos frustra no tener eso que otro tiene y eso, pues nos da rabia. Lo malo es que sufre más el envidioso que la persona a la que se ataca.

Por suerte hay una solución y es trabajar la autoestima. Para ello, debemos primero darnos cuenta de las cosas buenas que tenemos. Por ejemplo, a lo mejor no vendemos muchos libros, pero somos buenos haciendo deporte, o cocinando. Todos tenemos buenas cualidades que muchas veces ignoramos. Quizás sea porque así nos hayan educado de pequeños, pero deberíamos dejar de desear lo que otros poseen y valorar lo que ya tenemos. Hay que recordar que somos únicos. No hay nadie más como nosotros. No existe combinación de genes en el mundo que coincida con la nuestra. Solo por esta razón  deberíamos apreciar el gran tesoro que somos y compartirlo con los demás, mientras dejamos que ellos también compartan con nosotros lo que tienen. Al fin y al cabo, si lo hacen, es porque comparten su riqueza con nosotros, ¿no?

Espero que os haya gustado.


Historia de un analbeto

Hesta hez la trizte istoria de un anarfabeto que no savia leer i escrivir. Zu zueño era ser hescritor. Bibía en un mundo de cultos. El hera el húnico que no savia leer. Povre. 

Hun dia aprendio el avesedario. Y hempezo poco ha poco a hentender los testos de los livros.

Despues de leer argunos livros, se hinspiro en una nobela. La hescribio en dos haños. Kuando ha cabo la enseño a argunos y se rieron de el.

– ¡Eres muy tonto! – le decían.

Pero er pobre anarfabeto se puso trizte. Un dia, un maestro leio, con sangre en los hojos del testo yeno de herratas y le dijo:

-¡Eres un genio en la narrativa! ¡Dentro de ti hay un gran escritor!

-Ezo no e berdad – contestó el analfabeto. 

-No te voy a negar que debes mejorar mucho tu escritura. Sin embargo, desarrollas bien la trama. Déjame ayudarte.

-Nadie a podío señó. Soi un vurro desgraciado. 

-Si en seis meses no notas mejoría te daré la razón y podrás marchar.

-De hacuerdo trato esho. 

Hamvos ce fueron juntos. Er maestro le henseñó con zuma paciencia a escrivir correctamente.

Poco a poco, el analfabeto, fue tomando consciencia de cómo mejorar. Ha veces cometía herrores, pero el maestro le señalaba con dulzura dónde estaban. 

Después de mucho tiempo con práctica y entrenamiento, a través de su maestro, el analfabeto corrigió su novela. Bajo seudónimo participó en un concurso de literatura. Ganó el primer premio.

En cuanto la gente culta lo vio, quisieron quitarle el premio. Pensaron que hizo trampa. 

Entonces, el maestro les preguntó:

-¿Fueron a la escuela?

-¡Sí! ¡Al colegio privado! Mis padres, trabajando duramente pudieron darme estudios para no volverme como ese zoquete.

-¿Y si no hubieras podido ir al colegio que habrías hecho?

-No saber y escribir.

-¿Y hubieras escrito una obra?

-Si tuviese estudios sí.

-Y ahora que los tienes, ¿por qué no lo intentas?

El silencio se hizo en la sala. El analfabeto comprendió que tenía algo que los demás no tenían: valor para perseguir sus sueños. Él luchó por convertirse en escritor desde cero, sin recursos, como el resto. Las ventajas con las que nace cada uno no determinan el éxito. Solo ayudan. Finalmente, lo que contaba era la actitud contra las dificultades tanto externas como internas.

Sin darse cuenta, escribía correctamente. A veces se le escapava algún error. Como por ejemplo confundir la “v” con la “b”. Pero le señalaron dulcemente cómo mejorar y siguió aprendiendo.

No alcanzó su felicididad porque ya vivía en ella. Escribiendo a la vez que aprendía.

Una nueva luz

Hace un año y poco que empecé a escribir Encadenado. Entonces, inicié un camino muy difícil de seguir, no por el trabajo duro que supone escribir y promover una obra, sino por lo que te encuentras en el camino: la gente te quiere destruir. Yo la suelo llamar lacra, aunque suene muy despectivo.

Si bien me he encontrado gente que se ha tomado la molestia de leer mi novela, debo decir que me he encontrado comentarios tanto positivos como negativos. Los primeros llenan el alma. Los segundos, en cambio, dependiendo de su naturaleza pueden ser regalos o veneno.

Hay gente que ha leído mi libro y no se ha enganchado.  Me han encontrado errores, me han dado indicaciones de lo que gusta y lo que no. Es algo totalmente respetable. Además, aunque no me siente del todo  bien, considero estas observaciones a medio plazo como un regalo. A veces, aunque no nos guste, necesitamos de las opiniones de los demás para convertirnos en mejores escritores.

Sin embargo, me entristece ver constantemente a gente que se dedique machacar al resto. Cuando me tocó a mí me hundí en la miseria. Sin embargo, después de recomponerme, me di cuenta de que este era un cáncer más común de lo que yo esperaba.

A veces observo cómo les va a mis otros escritores. Entro en blogs, leo reseñas de Amazon, entro en foros de Internet… Sólo veo destrucción en forma de palabras. Entonces me doy cuenta de que nadie está a salvo de la lacra, de esas personas que solo buscan hacer daño.

Sin entrar a debatir cuál es la verdadera naturaleza de tales palabras envenenadas (envidia, arrogancia, etc.), creo que sobra cualquier mensaje que busque destruir a un escritor.

Lo que es más triste, es que esto se ve en cualquier ámbito de la vida. No es la primera vez que veo un jefe machacar a un trabajador, intentándole convencer de que es un inútil, convenciéndole de que ha cometido errores que no son suyos; o profesores machacar a un alumno que podría sobresalir en cualquier ámbito.

Como decía antes, no me parece mal decir dónde se debe mejorar. Para gustos los colores. Ahí no me voy a meter ni voy a decir nada. Eso sí, creo que este mundo necesita un toque. No me parece correcto este tipo de comportamiento. No es la primera vez que veo un escritor dejar de escribir en un género, o lo que es peor, dejar de escribir por culpa de comentarios malolientes.

En este sentido, a partir de ahora, al que vea machacar a alguien, haciendo un uso indebido de su libertad de expresión (ésta impone como límites no vulnerar el honor y la dignidad, al menos en la Ley Española), se va a llevar un ¡zasca! por mi parte.

Se acabó el humillar a futuras estrellas.

No me pienso callar a partir de ahora.

 

 

Cuando te quieren apuñalar pero no sale bien la cosa

Estimados lectores,

Hoy comparto algo que me ha ocurrido durante el día de hoy. A muchos seguramente os ha pasado que lo habéis dado todo, llega el día en que queréis recibir vuestra recompensa, y en vez de ello, os dan una buena hostia en toda la cara.

Pues eso me ha pasado hoy.

En el trabajo me han intentado hacer creer que soy un inútil. Si bien por dentro de mí una bola de fuego empezaba a tomar forma, por otro lado, una sonora carcajada se formaba dentro de mis pulmones.

Los argumentos dejaban mucho que desear. Me recordaban a los que suelen comentar los bloggers veinteañeros que se creen filólogos y sabios de la vida.

Ahí me he dado cuenta de lo que realmente valía como persona. Cuando os intenten hundir a través de críticas, detrás suele haber un fuerte componente de envidia. Hoy me han intentado pisotear, hacerme creer que era alguien inválido, y destrozándome el terreno para mi futuro.

Sin embargo, no me he doblegado. Como un campeón he tomado el liderazgo de mi situación y he hablado como un empresario. He expresado mis intenciones y dejado claro que era momento de iniciar una nueva aventura. Algo que ya he comenzado a trabajar.

Dicen que es malo ser orgulloso, pero a mí el orgullo me permite continuar adelante, sobre todo cuando gente cuya mente rebosa de ignorancia me intenta hacer creer que voy a fracasar.

Eso no ha sido mi caso, ni lo será jamás.

 

Resurgir

Estimados lectores,

Hoy vengo con una reflexión. Basta de reseñas por el momento. Llevo unos cuantos días en los que mi mente no para de moverse a toda velocidad: cambios en el trabajo, escribir mi segundo libro, acabar los estudios… En fin. Un montón de estímulos que se han acumulado en mi mente y me han agobiado un poco.

Pero me siento muy orgulloso de mí.

Cuando inicié el blog, escribí un artículo acerca del Ave Fénix. Me encanta la simbología que tiene este mítico pájaro. Pues bien, hace poco volví a resurgir de nuevo de mis cenizas. Al parecer le estoy empezando a coger práctica y cada vez se me da mejor.

En octubre tuve un accidente de tráfico. La conductora que nos golpeó fue una chica que al parecer iba bastante bebida y no nos vio. Por fortuna no fueron grandes daños para mí y para mi mujer. No obstante, lo más molesto fue todo lo que acarreó el accidente: la rehabilitación.

Siempre he sido un adicto al deporte. Si un día no puedo ir al gimnasio os tendréis que enfrentar a mi mal humor. Lo reconozco, soy adicto a las endorfinas que genera el deporte. Pues bien, tras una visita médica, me dijeron que no podía hacer nada. Solo lo justo y si el fisioterapeuta me lo aprobaba. Hice caso, pues la lumbar me quedó afectada.

A los dos meses nos dieron el alta. Como dije, no fue algo tan bestia como para coger una baja laboral, pero sí como para limitarme casi tres meses. En enero volví a mi amado gimnasio. Poco podría describir el placer que sentí al entrar nuevamente a una clase de Body Combat y empezar a saltar poco a poco.

Poco a poco fui cogiendo el ritmo. A mitad de enero, al ver que me sentía mejor decidí, como bien mi locura me define, apuntarme a la Mitja de Barcelona que tuvo lugar el 12 de febrero. Nada más ni más ni menos que 21 kilómetros. Toma ya.

Pues allí estuve, en la línea de salida, y tras el pistoletazo corrí hasta el final. 2 horas y 17 minutos hice entrada en la línea de meta. Unos 20 minutos de más que mi tiempo normal. Una barbaridad, ¿verdad?

Sin embargo me siento orgulloso. ¿Por qué? Ahora es cuando vienen las críticas: eres un lento, yo lo hago mejor, bla, bla bla. Entonces es cuando respondo: sí, pero he resurgido de mi pequeño parón y he vuelto a la lona a luchar. Eso sí, con un dolor de lumbar dándome por saco durante los 21 kilómetros.

Lo importante de esta anécdota es que nunca debemos buscar un motivo para rendirnos. Está bien. Mi lesión duró  pocos meses. Otros se hacen daños más grandes de los cuales no se podrán recuperar jamás.

Lo que quiero decir con esto, es que la gran mayoría de nosotros tenemos la virtud de tener una vida sana, de tener recursos y la capacidad para lograr nuestros sueños. Cuando caemos, debemos intentar siempre resurgir. Nunca es tarde para volver a levantarse y seguir luchando (o corriendo).

En cuanto me recupere de las agujetas, volveré a pisar el gimnasio a entrenar. Eso sí, cuidando a mi pobre lumbar que cualquier día me manda a freír gárgaras.

Un abrazo.

Review of Showing Up Naked

Dear readers,

Today I’ll be writing this review in English. The reason is simple: this book is only available in this language.

On my writer’s journey I’ve seen many different books of different kinds: novels, short stories, thrillers and non-fiction books. Each one of them has something special.

However, not all the books I read catch my attention. Perhaphs the reason why is that in these books are not for me. Maybe I’m wrong, but this is how it works for me.

In 2014 when I was in Peru working for a project, I was bored in the hotel lying on my bed searching for something in Amazon that could teach me something. Then I found this book, Showing Up Naked, written by Erica Lee Boucher. The cover caught my attention. It shows the author naked. Then I thought “What can this book be about?” I read the description and I knew it was for me.

Book details

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Title: Showing Up Naked

Author: Erica Lee Boucher

Genre: Conciusness & Thought

To buy it click here

 

 

My experience

At first when I openedthis book I could only read half of it. There was something in me that didn’t allow me to continue. It wasn’t boredom. On the contrary, I was having fun while reading it because there were interesting reflections about life and the Universe. Then I realized I had to this about what I had learned during the first chapters and apply it in my real life.

During this time I’ve been working really hard and faced many challenges during 2 years: death of family members, tons of workload and living unfair situations at work. It was then when I understood I had to become the hero of my life.

I decided to start a journey then. After getting married I decided to write my first book Encadenado (it could translated as Chained Up in English). I saw that we live in some kind of sick society that think that happiness is doing everything in a certain way, as if there were rules that had to be followed. For example, focusing more on business rather than family. By doing that I feel that mankind is being destroyed.  We see that everyday in our lives. Companies that fire employees to raise their benefit, our food contains substances that make it more addictive. But the worst of all comes when I realized that we all live in a zombified society. You only have to look at other people’s eyes. It feels as if they were soulless, hypnotized to work, to study, to live chained up to social values, struggling constantly to gain more money, to satisfy their boss’s needs, going to the gym not to health purposes but to lose weight more and more to appear attractive before others.

Every day I see people falling into darkness. Girls becoming more anorexic, employees staying overtime so that they can say they work until late, while families are being abandoned and love is lost.

Then I realized it was happening to me as well. So I decided to stop it.

When I married, a lot of people used to judge me in different ways. Many said I was making a mistake, others that I had to have children immediately after the wedding. I had a headache most of the time because of hearing what people were saying constantly to me how to live my life.

The truth is that I got married because I loved my wife. If that love one day ends I’ll divorce. As simple as that. In my honeymoon I realized I did well. Many don’t want to marry or love because they want to avoid pain. Others wanted me to marry my wife only because they said it was the right thing to do and have children. Love cannot be forced. It has to come naturally and so I did.

In my trip to the United States we drove to las Vegas from the Death Valley. A very amusing experience. One could say that the Death Valley was not the one you see in California. Las Vegas it is more dead actually.

Yes, I recognize that I had fun with all the casinos and all the lights. When I mean it’s dead it’s because when you inside the casino, you see a lot of sickened people playing to the same slot machines for hours. And again I saw how sick is our society. The very same happened in Spain, in the United States and all over the world. Zombies manifest in different ways. Some gamble the whole time, others work the whole time, without knowing the reason why there’re stuck in a situation like this.

We got back to Barcelona and I started my writer’s journey. I wrote a book about a guy named Victor who lives chained up to social values, always doing his best to satisfy others’ wishes: his mother’s, his wife’s, etc. One day he realizes this is all false happiness and an illusion that doesn’t exist.

Then he starts a journey in which he needs to wake up and fifht for what he desires.

When I finished the book I kept reading other books and saw in my tablet this one I stopped reading one year before. Then I realized I was worthy of finishing it. I had to understand a lesson before continuing the reading.

And so I did and ended Showing Up Naked.

My review

Enlightening. That’s all I can say. It’s sad that this book is only available in English. I honestly think it can help people from all over the world.

What makes it special is that it is a realistic book. It’s  different from this kind of self-help book that tell you that everything will be all right if you think positively and so on. This one, on the contrary, shows an optimistic point of view despite the struggles we have in life. Even the author shares with us the issues she encountered during her life and how she overcame them with the right way of thinking.

This book teaches how to open our heart. Not only in front of others but to ourselves. This has been for me the most important idea.

It’s important to feel sadness or anger when we need to. We life in a society that tells us that we need to avoid those feelings. It reminded me a little of the movie Upside Down that teaches us that feeling only joy is the way to feel happy. Other feelings matter as well. If we try to stop feeling anger, this will explode (as it happens in the movie).

Also it teaches us how to be empathetic toward others. Everyone behaves in a certain way for certain reasons. Their reasons. It reminds us that we are beings of light after all. It’s important to love ourselves and others not matter what.

As other books I’ve read, this is a book that needs to be read slowly. Rush is not allowed here. It contains exercices that can help us understand both the contents of the book and ourselves. It’s not a psychology book with difficult terms and psichoanalysis, thank God. It’s a book whose fate is help enlighten you so that you’re capable of starting your journey, the same way I did. It’s a book that will show you how to listen your inner voice and find the right path.

This is why I’ve written this review. I think it’s a book that needs to be shown to the world that is dying.

 

 

 

 

 

Reseña de Erótica destroyer

Antes de Navidad empecé a leer un libro que me llamó la atención. Prometía relatos eróticos cortos diferentes a los que se podían encontrar en las estanterías virtuales. Decidí leerlo entonces. No quedé indiferente. 

No voy a escribir una reseña muy larga, porque creo que con pocas palabras se puede describir esta obra.

FICHA TÉCNICA:

 TÍTULO: Erótica destroyer
Autora: Katy Infierno 

Género: Erótica

Longitud: 210 páginas

Si deséis adquirirlo en Amazon haced click aquí

Siempre he hablado en anteriores posts de mantener una mente abierta. En este libro deberéis abrirla al máximo. Para que os hagáis una idea, se compone de relatos cortos con un toque bastante explícito.

Debo reconocer que he quedado muy sorprendido y fascinado por la valentía e imaginación de la autora. Aunque no todos los relatos sean de mi agrado, agradezco que la autora haya incluido variedad en uno y cada uno de ellos.

¿Cómo definirlos? Todo depende del relato. Se sale mucho del libro erótico convencional que parece sacado de una telenovela. Si algo me ha gustado en general es su originalidad y el riesgo que toma la autora en publica algo así.

De toda la colección que hay en su interior, podemos encontrar relatos tanto románticos, explícitos a más no poder, e incluso grotescos y divertidos. Debo reconocer que he disfrutado mucho con su lectura, sobre todo con la historieta del final que parece sacada de otro mundo. 

Es admirable su imaginación. No solo por las recambolescas historias, sino porque es capaz de sorprendernos con un final inesperado en cada uno de ellas. Se podría decir que hace un buen uso de esa desperdiciada cualidad humana que se llama “estar como una puta cabra”. En esta reseña no lo digo con una connotación negativa. Ni mucho menos. Lo que quiero dejar claro es que para escribir, hay que dejar que nuestra propia locura nos haga escribir y crear. Es el punto de originalidad que cualquier escritor debería aprender (tanto noveles como experimentados).
Te gustará sí…

  • Si estás cansad@ de leer siempre las mismas historias eróticas ñoñas hasta aburrir. 
  • Si tienes una mente abierta y libre de prejuicios.

Espero que os haya gustado la reseña.

Saludos

Somos campeones

Corría el año 2013. Era noviembre y yo me encontraba en la frontera con Francia. Estaba muy nervioso. La ansiedad se había  apoderado de mi cuerpo. Era la primera vez que me enfrentaba a un reto tan grande. Al menos en aquel momento.

Me encontraba en Behobia, esperando a que dieran el pistoletazo de salida de mi grupo. Iba a correr 20 kilómetros por carretera. La prueba consistía en cruzar los pueblos corriendo por carretera hasta llegar al Boulevard de Donosti. Iba a cruzar montañas, y no sabía si estaba preparado para ello.

En cuanto dieron el pistoletazo de salida, solté el chubasquero y lo lancé al suelo como marcaba la tradición del lugar. Empecé a correr con cautela, vigilando que la emoción del momento no poseyese mi alma y me arrastrara, junto a otros corredores que habían cometido ya ese error, a retirarme de la carrera antes de tiempo.

Como dice Lao-Tse, “Un viaje de mil millas comienza con el primer paso”. En esa ocasión se trataba de 20 kilómetros, pero para mí consistía en superar una barrera.

Al cabo de pocos kilómetros corriendo a través de hermosos verdes campos por el País Vasco, empezaron las cuestas. Me tranquilicé y subí a mi ritmo, sin presionarme demasiado. 

Tras cruzar el primer umbral, llegó la bajada y con ello, aproveché para devolverle un poco de tranquilidad a mi corazón y aire en mis pulmones. Numerosas eran las leyendas de corredores que caían fatigados en mitad de una carrera, o peor aún, muertos de un ataque cardíaco.

Seguí adelante y vi un curioso personaje disfrazado de pirata. Era una tradición, decían. Sonreí ante tal visión y continué.

Subí un par de cuestas más, y ya hacía el kilómetro 15, mis piernas se encontraban fatigadas. Ahí aprendí que en bajada uno se puede llegar a cansar más (y lastimar las rodillas).

Era el kilómetro 18. Si no recuerdo mal. Entramos en Donosti y solo quedaban 2 kilómetros. Di gracias a Dios, y eso que no soy creyente, a que quedaba poco para acabar con aquella tortura. 

Sin embargo, una prueba final esperaba al final. Una última maldita cuesta.

Quería morirme. Reuní las pocas fuerzas que me quedaban y empecé a subir.

Me costaba. Empecé a ralentizar mi marcha. Me dolían músculos que ni conocía. El glúteo me ardía, los gemelos empezaban a subirse, y los cuadríceps me atormentaban de dolor.

Levanté la vista y vi que aquello estaba abarrotado de gente. Éramos muchísimos corredores, pero en aquel momento me sentí único.

Gente que no conocía nos animaban. Algunos pronunciaban nuestro nombre, que aparecía en la dorsal, para darnos un poco más de fuerza y llegar a la meta.

“¡Vamos Jorge tú puedes!”, me gritó un chico.

De la nada, saqué fuerzas para ascender la cuesta. Recibí un pequeño empujón, pero no fue suficiente. A continuación, otra persona, no sabía si hombre o mujer, gritó:

“¡Vosotros podéis llegar a la meta! ¡Vosotros tenéis los huevos que nosotros no hemos tenido! ¡Sois unos campeones”

En cuanto escuché esas palabras, mi corazón recuperó instantáneamente las fuerzas para latir. Las piernas me seguían ardiendo, pero mi alma podía soportar ese dolor.

Iba a llegar a meta sí o sí.

Subí la cuesta, corrí la larga recta, y entré en el boulevard de San Sebastián (Donosti). Tardé 2 horas aproximadamente. Un tiempo considerado mediocre.

Pero me daba igual.

Llegué a la meta. Eso me importaba. Quizás estaba lejos de ser el mejor. Gracias a las voces de ánimo, me di cuenta de que era un campeón simplemente por haberme atrevido a realizar aquella prueba. Superé un límite.

Dos años más tarde acabé una carrera de montaña de 23 kilómetros, la cual tardé 3 horas y media en acabar. Nadie me animó porque en medio del bosque es un poco complicado encontrarte con gente, pero los ánimos seguían resonando en mí.

Y así seguiré.

No sé si te ha pasado, pero, cuando escribes un libro, pasa lo mismo. Da igual lo que la gente piense de ti, si eres malo o no. Lo importante es que dentro de ti resuene esa voz que diga “Eres un campeón”. Lo importante es haber acabado tu obra. Ya mejorarás con el tiempo. Todo llega.

Escribo esto porque a menudo me encuentro en Internet a personas con un verdadero talento, pero que lamentablemente son incapaces de luchar por sus sueños porque creen que no lo conseguirán. Evidentemente, cada persona es diferente, pero lo importante, lo que nos hace campeones es intentarlo. Eso es lo que nos distingue de aquellos que nos critican, de aquellos que se leen tu libro y dicen que es una mierda, cuando ellos por dentro desean fervorosamente hacer lo mismo. Te puede pasar en el deporte, te puede pasar en cualquier ámbito. Tú eres una luz. No lo olvides jamás. 

Puedes tener, como yo, la suerte de que te apoyen personas como mi mujer, pero si no las tienes, repítete mil veces cada día lo grande y genial que eres.

Como cada tarea, hay que ser perseverante. Con el tiempo, llegarán los resultados. Con ello, el cumplimiento de tus sueños.

A veces solo tenemos que subir una última cuesta.